Esthela Calderón
Hay días que suenan a silencio
y hay noches que no saben callar.
En esos días,
alguien descubre que el arpegio de las ramas
le va dictando las notas al viento,
y como un péndulo le bailan los minutos.
Mientras tanto, en una esquina del techo,
una araña aligera sus muchos pasos en las redes de su casa.
Va y viene de un hilo de saliva a otro,
de mirada profunda con sus múltiples ojos.
Un día lanzaré toda mi saliva por un delicioso escarabajo azul.
De esa manera, por fin, sabré desintegrar en mi lengua
todos los sabores que conducen a la muerte.
Así, igual como vos lo hiciste.
Me habló la araña como si me conociera.
Ver en la versión impresa las páginas: 5 B