La mayoría de los actores no tenían experiencia en manipular títeres. LA PRENSA/ G. FLORES/ ARCHIVO

Títeres para “jincar” la moral

En esta cuartería se aprietan muchas historias y personajes: las chismosas que espían el mundo ajeno detrás de los trapos tendidos en el patio común. Todo lo oyen y lo miran, y lo que no, lo inventan. La vocinglería desesperada que a punta de insultos apura la fila en el inodoro, el único que hay para más de 20, en cuyo interior se leen palabras mal escritas capaces de revolver las tripas de cualquier ortógrafo. Llega con su alharaca una familia de cinco que se atipuja en una de las piezas de este probable chorizo de cuartos. Están las chavalas esquineras, las que ven pasar bajo el dintel de la puerta a los “nuevos”, mientras murmuran y piensan que a lo mejor entre los nuevos viene el novio, ese que prometen las novelas de Televisa.

Amalia Morales

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“Desde que estudiaba teatro en Cuba me gustó hacer puestas de autores nicaragüenses. Un día de tantos decidí adaptar el cuento 12 cartas y un amorcito , como ejercicio de clase y me quedó la espinita de montar algún día los cuentos de Juan Aburto, por un lado, luego en la observación de lo cotidiano del hacinamiento y la promiscuidad que se vive en cada uno de estos sitios (cuarterías), son suficiente razón para abordar una temática recurrente y que se relacionan con los escritos del cuentero nicaragüense”, explica César Paz, director de Teatro Estudio de Nicaragua.

[/doap_box][doap_box title=»Esta historia se repetirá» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

La puesta en escena que solo volverá a presentarse a fines de marzo en el Teatro Nacional Rubén Darío (es probable que en la sala mayor) llevó cinco meses de trabajo. La mayoría de los actores no tenía experiencia en manipulación de títeres. Algunos de los integrantes son universitarios, para algunos este es el primer encuentro con las artes escénicas.

Algunos de los actores, manipuladores de títeres, salieron de los talleres impulsados por el proyecto Creando alianza, mundo rural VIH.

Los nombres de los personajes son el resultado de la familiarización de los actores con los títeres.

Este es un espectáculo que depende mucho del juego de luces y los efectos sonoros, de la música, por tanto es apto para presentarlo en teatros, explica Pedro Quiroz. Sin embargo, el grupo tiene presentaciones previstas en escenarios distintos al teatro.

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En esta cuartería se aprietan muchas historias y personajes: las chismosas que espían el mundo ajeno detrás de los trapos tendidos en el patio común. Todo lo oyen y lo miran, y lo que no, lo inventan. La vocinglería desesperada que a punta de insultos apura la fila en el inodoro, el único que hay para más de 20, en cuyo interior se leen palabras mal escritas capaces de revolver las tripas de cualquier ortógrafo. Llega con su alharaca una familia de cinco que se atipuja en una de las piezas de este probable chorizo de cuartos. Están las chavalas esquineras, las que ven pasar bajo el dintel de la puerta a los “nuevos”, mientras murmuran y piensan que a lo mejor entre los nuevos viene el novio, ese que prometen las novelas de Televisa. Ya tengo novio. El sábado se lo presento a mi abuela —dice una muñeca de vestido rojo a otra de blusa rosada y pelo largo negro.

Ni siquiera te sabés limpiar el culo —le contesta la otra muñeca de pelo largo negro.

Como no, además, para jalar no es necesario saber limpiarse, mi abuela dice que los hombres son chanchos.

Estallan las carcajadas del público en la sala del Teatro Pilar Aguirre, donde se estrena la obra Se alquilan cuartos , inspirada en un cuento de Juan Aburto, el mismo viernes que en la sala mayor se presenta un comediante mexicano.

NOVEDOSA PUESTA EN ESCENA

Las situaciones se descargan sin tregua en esta puesta en escena.

El mundo ruidoso, descuajado y filoso, de esos chorizos de cuartos que existen aún en la capital más que como una reminiscencia de la vieja Managua, está ahí perfectamente recreado en la obra.

La puesta es una sucesión de historias tristes y terribles: hay niñas y niños violados, hacinamiento, infidelidad, golpes, llantos, intrigas, amores furtivos de adolescentes. Todo es dramático. Todo da risa. Tal vez porque, como dice uno de los personajes, “cuando el dolor es ajeno”…

O quizá porque los personajes de la obra son todos títeres. Los seres humanos, anulados por la ropa negra, se encargan de manipular los muñecos, de darles voz, gestualidad y vida a las intenciones de los títeres que hay de diferentes tamaños y formas.

¿Por qué títeres para contar temas de adultos?, se le pregunta a César Paz, director del montaje y del Teatro Estudio de Nicaragua.

“He observado en los adultos cuando llevan a sus hijos a ver un espectáculo de títeres que ellos se divierten igual o más que sus hijos y de forma indirecta participan con mayor facilidad. Este es un instrumento que muchas personas tienen como un referente de infancia, como también existen situaciones que quedaron insertas en las memorias de muchos pero que fueron vistas como algo cotidiano”.

Paz, quien estudió teatro en Cuba y que años atrás montó El principito la novela más famosa del francés Antoine Saint-Exupery, en este mismo teatro, se caracteriza por romper y sorprender en sus montajes.

“Son historias dramáticas, se cuestiona la doble moral con mucho humor”, comentó la titiritera Diana Brooks, después del montaje.

Paz explica que este es teatro del oprimido, una tendencia del teatro cuyo exponente máximo fue el brasileño Augusto Boal. Con la técnica “del oprimido es más fácil manipular una situación a través de un títere” a que la encarne alguien de piel y huesos. Aparentemente duele menos.

“Vos chavalo, leeme esta carta”, llama la maestra a Cirilo, un niño de la “colonia”, como también se les llama a las cuarterías. Cirilo comienza a leer, pero la lectura es retomada por Rodolfo, el personaje que escribe la carta. “Amor, te extraño mucho…”, dice Rodolfo desde Bluefields, y la silueta de una palmera detrás es el referente del Caribe en la obra.

Cuando Cirilo acaba de leer la última carta, la maestra lo viola. Casi al principio de la obra, otra niña es violada por el “moclín”, dueño de la cuartería.

Al final de la puesta, la menor aparece en silla de ruedas en estado vegetativo, y Cirilo, el otro niño ultrajado, reconociendo su homosexualidad. Ambos son víctimas del sórdido tugurio que puede ser cualquier lugar.

“A mí también me violaron… yo soy diferente”, dice Cirilo. Lo interrumpe otro títere niño: “Diferente, vos lo que sos es cochón”.

Fermín, el narrador de la obra, un títere pícaro, de piso —se le llama así porque anda y llega a ser del tamaño de una persona— cuestiona al público. Dice que la desgracia cuando es ajena da risa, pero cuando es propia no, y al final pregunta: “usted ¿qué haría? ”. El público reacciona. La obra invita a actuar, a dejar de ser un mero espectador. Aunque la tragedia es invariable el final es abierto. El desenlace puede ser otro.

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COMENTARIOS

  1. Javier Paladino Solorzano
    Hace 13 años

    Uno de los espectaculos mas exquisitos que he disfrutado desde hace ya mucho tiempo, y utilizo este termino porque en esta obra se plasma 100% la realidad de nuestro pais.

    les invito a disfrutar de este tipo de espectaculos que no son muy comunes, en ocasiones esto es debido a la poca propaganda que reciben estos directores ingeniosos y poco conocidos por nuestra sociedad, un saludo afectuoso al maestro cesar paz, quien sin mucho recursos hace este tipo de obras de arte, consumamos calidad.

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