“Los dos tenemos diferentes historias sobre la Virgen de Guadalupe”, dice Alicia Zamora, al explicar el motivo que la llevó junto al francés Jean Marc Calvet a organizar una muestra de la imagen sacra.
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La muestra es una visión no tradicional, sino con la variante de los nuevos contextos del arte expresivo del dolor y violencia.
En xilografías en linóleo en blanco y negro, Zamora hace lo suyo: “Mi grabado es de apariencia ingenua, en parte político, habla de la calle, de la insurrección; una de esas imágenes la de una mujer lleva la esquela de la Virgen de Guadalupe, es terrenal mágica. Otros son poéticos”.
Por su parte Calvet dice: “Hay una virgen encerrada en el tiempo con el dolor. Otra grita y llora; los ángeles también gritan. Yo pinto al ser humano con los problemas actuales. La violencia”. El pintor se declara “creyente”, y lleva tatuada en su cuerpo una “Guadalupe”.
Ver en la versión impresa las páginas: 6 B


