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Centenares de personas continuaban bailando y cantando este viernes frente a la casa de Nelson Mandela en Johannesburgo, aunque el cuerpo del expresidente fallecido el jueves fue trasladado a un hospital militar de Pretoria.
Familias, parejas, unos con cámaras fotográficas y otros con flores, continuaron llegando durante la mañana, constataron los periodistas de la AFP.
Algunas mujeres bailaron entonando las canciones de la época de la lucha contra el apartheid, acompañadas por coros improvisados de sudafricanos vestidos de amarillo y verde, los colores del Congreso Nacional Africano, el partido en el poder.
Entre las canciones, el silencio del duelo dominaba a los admiradores del héroe de la lucha contra el apartheid.
«Salvó nuestras almas», dijo a la AFP James McCormack, un blanco de 45 años que se encontraba allí con su hija. «No hay nadie ahora para lograr que este país sea mejor, salvo nosotros», agregó.
Según la radio pública, el cuerpo de Mandela fue trasladado el jueves a Pretoria, la capital, donde tendrá lugar el funeral, en una fecha que todavía no ha sido comunicada.
El mundo lloraba este viernes a Nelson Mandela, una de las personalidades más importantes del siglo XX, convertida en «fuente de inspiración» universal por sus valores de perdón y de reconciliación.
Bien entrada la noche del jueves, el presidente sudafricano, Jacob Zuma, anunciaba la muerte del primer presidente negro de Sudáfrica, a los 95 años.
«Un héroe de la humanidad», según el diario sudafricano The Star, para el que Mandela era el ídolo de todo un pueblo por su papel decisivo en la lucha contra el régimen segregacionista del apartheid, que terminó en 1994.
'Madiba', nombre de su clan, tomado como apelativo cariñoso por los sudafricanos, falleció en su casa a consecuencia de una infección pulmonar por la que había sido hospitalizado de junio a septiembre.

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«Nuestro querido Nelson Mandela, el presidente fundador de nuestra nación democrática, nos ha dejado. Falleció en paz, rodeado de su familia hacia las 20H50 [18H50 GMT] Nuestra nación ha perdido a su hijo más ilustre», declaró Zuma.
En Pretoria debe celebrarse un homenaje nacional e internacional antes de que el cuerpo del premio Nobel de la Paz sea trasladado definitivamente a Qunu, el pueblo de su infancia, donde deseaba ser enterrado.
Numerosos jefes de Estado, incluyendo al presidente estadounidense, Barack Obama, y célebres amigos del exmandatario sudafricano, como Oprah Winfrey y Bill y Hillary Clinton, asistirán a sus exequias.
Aunque la fecha para el entierro fue fijada el 21 de diciembre, algunos piden que sea el 16, día de la Reconciliación en Sudáfrica, que es un también rindan homenaje al expresidente y Premio Nobel de la Paz con servicios conmemorativos en todo el país, incluyendo en el estadio de fútbol de Johannesburgo, donde se disputó la final del Mundial de Fútbol 2010, donde Mandela hizo su última aparición pública.
Las dos cámaras del Parlamento serán convocadas durante su período de descanso para una sesión especial conjunta en honor de Mandela.
Después de una ceremonia oficial estatal en Pretoria, sus restos serán llevados en avión a la provincia de El Cabo, en la zona rural donde nació y se crió.
Mandela será enterrado en una ceremonia privada en Qunu, rodeado por las tumbas de sus familiares.
Mandla Mandela, el mayor de los nietos de Nelson Mandela, dio las gracias este viernes en nombre de su familia a los sudafricanos y al mundo entero por los mensajes de apoyo recibidos.
«Agradezco profundamente el apoyo nacional e internacional que nuestra familia ha recibido durante los prolongados problemas de salud de 'Madiba'. En nuestra familia reconocemos que 'Madiba' no sólo nos pertenece, sino que pertenece al mundo entero. Los mensajes que recibimos desde anoche nos alientan», afirmó en un comunicado.
Las reacciones internacionales a su muerte no se hicieron esperar. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, le calificó de «fuente de inspiración» para todo el mundo.

En Estados Unidos, el presidente Barack Obama, también primer presidente negro de su país, ordenó que las banderas ondearan a media asta hasta el lunes por la noche.
Para el jefe de estado francés, François Hollande, Nelson Mandela era «la encarnación de la nación sudafricana, los cimientos de su unidad y el orgullo de toda África».
El Dalai Lama, otro premio Nobel de la Paz, dijo por su parte haber perdido a un «querido amigo».
El mundo del deporte, al que Mandela se sentía muy unido, no se ha quedado al margen. «Consiguió hacer del Mundial de Rugby de 1995 un instrumento para favorecer la emergencia de una nación, justo un año después de las primeras elecciones democráticas en Sudáfrica», recordó el presidente de la federación sudafricana de este deporte, Oregan Hoskins.
En Brasil, que acoge este viernes el sorteo del próximo Mundial de Fútbol, la emoción estaba también a flor de piel. «Era mi héroe, mi amigo, mi compañero en la lucha en favor de la causa del pueblo y por la paz en el mundo», escribió en su cuenta de Twitter Pelé, leyenda del fútbol brasileño.
Homenaje en su casa en Johannesburgo
En Sudáfrica, desde el anuncio del fallecimiento,cientos de personas se concentraron durante la noche cerca de su casa en Johannesburgo.
El ambiente no era de recogimiento, sino de celebración, con cantos antiapartheid o en homenaje a 'Madiba', retomados a coro por la multitud. «¡Viva Mandela!» o «¡Larga vida a Mandela!», gritaban.
Los habitantes de Soweto, antiguo gueto negro durante el apartheid donde vivió Mandela y donde empezó la revuelta contra la opresión de los negros, mostraban este viernes su gratitud. «Se produjo lo inevitable. Es un día triste, pero podemos dar gracias a Dios por el trabajo de su vida», dijo a la AFP Sebastián, un sacerdote de 35 años, ante la iglesia católica Regina Mundi, también símbolo de la lucha antiapartheid.
«A lo largo de veinticuatro años [desde su liberación], 'Madiba' nos ha enseñado cómo vivir juntos y creer en nosotros mismos y en cada uno», declaró por la tarde otro héroe de la lucha antiapartheid, el arzobispo anglicano Desmond Tutu, considerado a sus 82 años como la conciencia moral de su país.
“UNA INSPIRACIÓN PARA TODO EL MUNDO”
«Él era una inspiración para todo el mundo», indicó Frederik de Klerk, último presidente blanco de Sudáfrica, que liberó a Mandela antes de negociar la transición democrática y compartir con él en 1993 el precio Nobel de la Paz.
Nelson Mandela, que cumplió 95 años el 18 de julio, había sido hospitalizado en cuatro ocasiones desde diciembre de 2012, siempre a causa de infecciones pulmonares.
Estos problemas estaban probablemente relacionados con las secuelas de una tuberculosis contraída durante su estancia en la isla prisión de Robben Island, frente a las costas del Cabo, donde pasó dieciocho de sus veintisiete años de detención en las prisiones del régimen racista del apartheid.
Mandela pasará a la historia por haber negociado con el gobierno del apartheid una transición pacífica hacia una democracia multirracial y por haber evitado a su pueblo una guerra civil que, a principios de los años 1990, parecía prácticamente inevitable.
Bajo los colores del Congreso Nacional Africano (ANC), Mandela fue el primer presidente de consenso de la nueva nación del «arco iris», entre 1994 y 1999.
“SONRISA EN LOS LABIOS”
«No dudo ni un momento que cuando entre en la eternidad, lo haré con una sonrisa», dijo entonces, feliz de ver su país crecer en paz tras décadas de segregación racial.
Nelson Rolihlahla Mandela nació el 18 de julio de 1918 en el pueblito de Mvezo, en el Transkei (sureste), en el seno del clan real de los Thembus, de etnia xhosa, pero pronto se trasladó al pueblo vecino de Qunu, donde pasó, dijo, sus «años más felices», una infancia libre en el campo quizá idealizada, antes de recibir una buena educación.
Casado tres veces y padre de seis hijos —dos fallecidos—, Mandela fundó la Liga de la Juventud del ANC y asumió rápidamente las riendas del partido, que consideraba demasiado débil ante un régimen que institucionalizó el apartheid en 1948.
Al ser prohibido el ANC en 1960, Nelson Mandela pasó a la clandestinidad y fue detenido de nuevo en 1962 y condenado a cadena perpetua dos años más tarde.
Ausente de la escena pública desde 2010, Mandela se convirtió en un héroe mítico, intocable, respetado tanto por el poder como por la oposición. Sus compatriotas tardarán en olvidar su cálida y magnética sonrisa.