Lucía Navas
Un país donde la pobreza la padecen mayormente niños, niñas y adolescentes, que evidencia el poco impacto que están teniendo los programas de Gobierno en cambiar esa realidad, y peor aún, en que la bonanza económica que reflejan las cifras oficiales no está llegando a los futuros ciudadanos que sostendrán el país. Esa es la fotografía de Nicaragua, según las cifras del estudio Panorama Social de América Latina 2013, que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) presentó ayer en Chile.
La Cepal analiza con atención la evolución de la pobreza infantil encontrando que las realidades difieren mucho según los grupos de países. Nicaragua es junto a Bolivia, El Salvador, Guatemala y Honduras el país “con mayor pobreza infantil total, donde en promedio un 72 por ciento de niños son pobres”. El Gobierno de Nicaragua no facilitó a la Cepal resultados nuevos del indicador de la pobreza, por lo que el organismo registra datos actualizados hasta 2009.
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La Cepal les dice a los gobiernos como al de Nicaragua, que las políticas sociales son necesarias, pero urge la transformación de la estructura económica, porque de lo contrario “se seguirá generando pobreza”.
“Vemos que el grueso del empleo se produce en las pequeñas y medianas empresas y en los sectores primarios, como agricultura, y es donde está el mayor número de empresas, pero son los que tienen menos productividad y bajos salarios”, señala Beteta.
La propuesta de la Cepal es hacer una transformación de la estructura productiva que apunte a aumentar la productividad, mejore los niveles salariales y hacer con ello un crecimiento más inclusivo.
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El informe del organismo refleja que el 78.2 por ciento de la niñez nicaragüense está en condición de pobreza y el 42.7 por ciento en extrema pobreza. En cambio, de Centroamérica solo Costa Rica se sumó a Argentina, Chile, Ecuador y Uruguay, países donde es menor la pobreza infantil total, con un 19.5 por ciento de los niños en promedio.
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El número de latinoamericanos en situación de pobreza en 2013 asciende a unos 164 millones de personas, lo que significa el 27.9 por ciento de la población total, según el estudio de la Cepal.
Pese a que desde 2002 cayeron las tasas de pobreza e indigencia en la región 15.7 puntos porcentuales y 8.0 puntos, respectivamente, el último año hubo una desaceleración en esta batalla.
En 2012 el índice de pobreza solo bajó 1.4 puntos porcentuales y la indigencia o pobreza extrema 0.3 puntos respecto a 2011. La Cepal expresa preocupación porque “se ha frenado el ritmo” de reducción.
De los once países que proporcionaron datos actualizados sobre el indicador, lograron mejorar Venezuela, Ecuador, Brasil, Perú, Argentina y Colombia.
¿Y LA REALIDAD DEL PAÍS?
Hay que destacar que los números de la Cepal son diferentes a los de la Encuesta de Medición del Nivel de Vida para 2009, del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide), sobre la pobreza.
La Cepal reporta que el 58.3 por ciento de la población nicaragüense para 2009 vivía en condición de pobreza general y que el 29.5 por ciento en pobreza extrema, mientras que el Inide indica que era el 42.5 y el 14.6, respectivamente.
Hugo Beteta, director de la Sede Subregional de la Cepal en México, explicó a LA PRENSA que pese a la ausencia de datos actualizados, se reconoce que en Nicaragua en los últimos años hubo “una reducción moderada en la pobreza” y es consistente con la recuperación económica tras la crisis de 2008-2010.
Menciona la estabilidad macroeconómica como base para que el país lograra tasas de crecimiento arriba del promedio de América Latina (alrededor del cinco por ciento) y permitiera mejorar las condiciones de vida.
Pero Beteta apunta que el gran desafío para Centroamérica es que 17 millones de niños están en condición de pobreza. “Bastante grande la cifra”, dice.
“La situación de los niños es el mejor indicador de éxito o fracaso de una economía, porque más que un indicador social, es indicador de éxito de cómo nos organizamos como sociedad”, sostiene Beteta.
La Cepal identifica tres problemas en Centroamérica, donde el primero es la insuficiencia de recursos para atender a las necesidades de los niños. Compara Beteta que en Costa Rica se invierte más de cinco dólares a diario por cada niño y adolescente, mientras en Honduras, Guatemala y Nicaragua es menos de un dólar.
Otro factor es la calidad del gasto. En el caso de las carencias de educación, dice, vemos países que gastan sustanciales montos en educación, pero el 99 por ciento va al salario de los maestros y no a la reforma en tecnología educativa y en el pénsum académico.
En el caso de Nicaragua, el presupuesto del Ministerio de Educación (Mined) del próximo año es de 9,047.9 millones de córdobas de los cuales el 37 por ciento va al pago de salarios.
El tercer problema que ve Beteta es la equidad del gasto de los recursos, donde la inversión siempre es menor en atender las necesidades de la población de las zonas rurales y sobre todo en la costa Caribe.
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