Carlos R. Flores (*)
La muerte del protagonista de la saga de cine sobre manejo temerario acabó congruentemente a tal cual este vivió. El final de película que tuvo su propia existencia, aunque lamentable para cualquier ser humano, al menos transmite un mensaje claro para todos, que esas conductas irresponsables que promovió con su cuestionable ejemplo en la saga de seis películas, solamente lleva a un final fatal, que es el que ineludiblemente enfrentó en una de las vías públicas cercanas a Hollywood, la cual era preferida para las carreras ilegales, al extremo que las autoridades llegaron a cerrarla en numerosas ocasiones.
Muchos habrán de lamentarse de la suerte de ese popular actor de esa serie de películas que llevaba ya facturados más de 2,400 millones de dólares, —a la cual también se le calcula indirectamente más de 300 mil muertes a nivel global— por la imitación que hacen ciertos conductores, mayoritariamente jóvenes, de sus piruetas y actos de exposición de personas al peligro, tanto en forma personal como para los otros conductores, transeúntes, etc., con consecuencias fatales.
Los hallazgos —como era de esperarse— apuntan a una velocidad temeraria en el Porsche rojo que, según se dice, era conducido por otro as de las carreras, empresario de competencias ilegales y muy amigo del actor, ambos ahora fallecidos en la estrepitosa colisión —no accidente— durante una carrera ilegal con otro veloz vehículo, en el cual el experimentado piloto perdió el control impactando contra un poste de luz, luego tomando fuego hasta dejar irreconocibles a ambos ocupantes, para lo cual, los servicios de medicina legal de Santa Clarita han pedido paciencia a su familia y sus fans para el próximo funeral de celebridad, puesto que la identificación de los restos tomará semanas, debido al deteriorado estado de los residuos recuperados en el sitio.
Resulta paradójico que en la vida y en la muerte de este joven actor haya sido un ejemplo en dos dimensiones totalmente opuestas; en vida, como un mal ejemplo en la promoción de acciones irresponsables y el marcado desprecio por la integridad física propia y la de las demás personas, incluyendo la de su propia hija de 15 años, y en su muerte, como ejemplo a no seguir, como la antítesis de lo que él promovió, con el final ya mencionado.
“En la vida lo único que es real es aquello por lo que trabajas, lo demás es solo ilusión”, es una frase que se le atribuye a dicho actor, quien en su perfil de Twitter declaraba su adicción a la adrenalina, siendo estas afirmaciones una muestra de su estilo de vida y su clara conciencia de la realidad, palabras que fueron una profecía autorrealizada y que se cumplió a cabalidad en la vida y muerte del actor, ahora “un ángel más en el cielo”, según uno de sus amigos, quien también debería calibrar su opinión con aquellos que han perdido un familiar en el legado suicida de este desaparecido figurante de la muerte.
(*) Consultor en Seguridad Industrial.
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