Vladimir Vásquez
Los pobladores iniciaron con protestas en Managua desde hace algunas semanas e incluso llegaron a cerrar algunas de las principales vías de la capital para presionar a CHN y al Gobierno a que les den una respuesta definitiva para su tranquilidad. Lo pobladores deberían recibir 1,200 dólares por manzana, como pago por las propiedades que se verían afectadas por el proyecto hidroeléctrico, si este llegara a empezar finalmente. Se habla que Tumarín, bajo capital brasileño y otros socios, podría empezar operaciones en el año 2018, si se inicia con su construcción en los primeros dos meses del próximo año como proyectó CHN hace unos meses.
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El proyecto hidroeléctrico Tumarín, cuya fecha de inicio es incierta para muchos sectores del país sigue generando preocupación, no solo en los pobladores de Apawás que exigen pago por sus tierras, sino también en todo el sector energético.
La incertidumbre en que se maneja el megaproyecto, que según las primeras proyecciones debería estar generando 253 megavatios de energía limpia para Nicaragua desde el año 2012, amenaza el cumplimiento de las metas que tiene el país con el cambio de la matriz energética, el cual, según el ministro de Energía y Minas, Emilio Rappaccioli, haría posible que el 74 por ciento de la energía generada en 2018 sería con fuentes limpias.
Para el empresario del sector energético, César Zamora, es preocupante la situación del megaproyecto, que se debate desde hace varios meses en fuertes negociaciones por la tarifa en que se venderá la energía a la empresa distribuidora.
“Este es el proyecto más grande del país y mucha gente está parando su inversión porque está a la espera de ver qué va a suceder con este proyecto”, dijo Zamora.
La inversión que se realizaría en Tumarín sería de unos 1,100 millones de dólares. Extraoficialmente se conoce que con los gastos operativos y parte de lo que implicó el desarrollo de una trocha que llevaría al proyecto, la empresa Central de Hidroeléctricas de Nicaragua ya “habría invertido más de treinta millones de dólares en gastos operativos, estudios socioeconómicos y apoyo a las comunidades”.
Si Tumarín no iniciara conforme lo previsto en los planes gubernamentales, provocaría un retraso en el cambio de la matriz energética, dijo Zamora, quien luce optimista en torno al futuro de la obra, pues “lo necesita el país y hay poca información verídica y confiable sobre Tumarín y es importante saber cuál es el estatus de esa inversión”.
Por el momento solo hay promesas.
“CHN confía y lo informó que, aunque se conozca de la complejidad del Proyecto Tumarín, muy pronto se concluirán las negociaciones con los diferentes sectores, lo que permitirá dar una respuesta positiva para las inquietudes de las personas que ocupan las áreas que futuramente serán afectadas por esta importante obra”, indicó CHN.
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