Un policía antidisturbios entre gases lacrimógenos durante los enfrentamientos ante la sede del Gobierno de Tailandia, este domingo 1 de diciembre en Bangkok. LA PRENSA/AFP

Tensión en Bangkok en torno a la sede del Gobierno de Tailandia

La policía tailandesa empleó gases lacrimógenos y cañones de agua contra los manifestantes opositores que amenazaban este domingo con tomar la sede del Gobierno, tras unos enfrentamientos que dejaron tres muertos y decenas de heridos.

AFP

La policía tailandesa empleó gases lacrimógenos y cañones de agua contra los manifestantes opositores que amenazaban este domingo con tomar la sede del Gobierno, tras unos enfrentamientos que dejaron tres muertos y decenas de heridos.

Lo que une a los manifestantes -una alianza heteróclita de burgueses conservadores cercanos al Partido Demócrata, el principal de la oposición, y grupúsculos ultramonárquicos- es el odio al hermano de la primera ministra, Yingluck Shinawatra, el multimillonario Thaksin Shinawatra.

Los manifestantes acusan a Thaksin, derrocado por el Ejército en 2006, de seguir siendo el que decide de verdad la política gubernamental desde su exilio en Dubai. Este domingo, se podían distinguir dos caras en el movimiento de protesta.

Frente a la entrada de la Casa de Gobierno, cientos de manifestantes enmascarados trataban de desplazar bloques de cemento y recortar la alambrada de espinos, a lo que la policía respondió con gases lacrimógenos y cañones de agua.

Delante de otra entrada, estaba organizada una sentada pacífica. «Nuestra operación de este día debe ser pacífica, no violenta, con una entrada educada en los lugares», aseguró Suthep Thaugsuban, líder de la oposición, delante de sus partidarios, antes de dejarlos marchar sin él hacia la sede del gobierno.

Manifestantes derriban unas vallas durante los enfrentamientos con la policía ante la sede del Gobierno de Tailandia, este domingo 1 de diciembre en Bangkok. LA PRENSA/AFP

Las autoridades desmintieron los rumores según los cuales la primera ministra había huido al extranjero, pero ésta seguía sin aparecer en público este domingo.

Tras la ocupación y el asedio esta semana de ministerios y administraciones, que las autoridades toleraron para evitar mayores tensiones, los manifestantes pudieron entrar este domingo en el recinto del Ministerio del Interior. Pero todavía no tomaron el control de los canales de televisión, como habían dicho que harían.

Unas horas antes, el domingo, los cabecillas de los 'camisas rojas', progubernamentales, reunidos por decenas de miles en un estadio en Bangkok, habían llamado a dispersarse, por miedo a la violencia. «Para no complicar más la tarea del gobierno, hemos decidido dejar que la gente vuelva a casa», declaró su dirigente, Thilda Thavornseth.

Otro cabecilla de los partidarios del Gobierno dijo que murieron cuatro de los suyos. La policía sólo confirmó tres muertes en total, la de un estudiante y dos «camisas rojas».

La violencia estalló el sábado por la noche cerca del estadio cuando unos 'camisas rojas' a bordo de un autobús empezarona tirar adoquines contra unos opositores. Un hombre de 21 años, primera víctima de la revuelta, murió de bala en circunstancias confusas.

Soldados tailandeses montan guardia en la Casa de Gobierno durante los enfrentamientos entre policía y manifestantes ante la sede del Ejecutivo, este domingo 1 de diciembre en Bangkok. LA PRENSA/AFP

Los líderes del movimiento opositor llamaron a un último esfuerzo para llegar el domingo a la «victoria» antes del aniversario del rey Bhumibol, el 5 de diciembre, unas celebraciones durante las cuales es impensable manifestarse en una sociedad tailandesa muy respetuosa de su rey.

La policía dijo que había 3.000 manifestantes ante las sedes del gobierno y la policía metropolitana. El domingo pasado fueron casi 180.000 personas las que se echaron a la calle. La escalada de la tensión desde hace un mes, que se disparó el sábado con la primer muerte, hace temer graves disturbios.

En 2010, unos 100.000 'camisas rojas' habían ocupado el centro de Bangkok para reclamar la caída del gobierno de entonces, en una protesta que fue disuelta por el ejército.

La crisis, que dejó unos 90 muertos y 1.900 heridos, hizo aflorar las profundas divisiones de la sociedad entre masas rurales y urbanas desfavorecidas del norte y noreste, fieles a Thaksin, y las élites de la capital que gravitan en torno al palacio real, y que ven al ex primer ministro como una amenaza para la monarquía.

La ira de los manifestantes fue provocada por un proyecto de ley de amnistía, redactado según ellos deliberadamente para permitir el regreso de Thaksin, que vive en el exilio para escapar a una condena a dos años de prisión por malversación financiera.

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