La economía estadounidense empezaba a dar signos de recuperación, pero la productividad bajó. LA PRENSA/BLOOMBERG

Crisis no cede

El presidente de la Reserva Federal, Ben S. Bernanke, y sus colegas están padeciendo su propia forma de disonancia cognitiva: revelan una nueva preocupación por las perspectivas de largo plazo de la economía, al tiempo que pronostican un crecimiento más veloz en 2014.

Bloomberg News

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Una caída prolongada del crecimiento de la productividad, o la producción de empresas no agrícolas por empleado hora, sería una mala noticia para la economía estadounidense.

Su potencial —la capacidad para crecer durante un período prolongado sin generar inflación— está determinado por la suma del crecimiento de la fuerza laboral y la productividad. Una desaceleración en esta última limitaría la velocidad a que puede desarrollarse EE. UU. en el futuro.

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El presidente de la Reserva Federal, Ben S. Bernanke, y sus colegas están padeciendo su propia forma de disonancia cognitiva: revelan una nueva preocupación por las perspectivas de largo plazo de la economía, al tiempo que pronostican un crecimiento más veloz en 2014.

La productividad de los trabajadores, clave para la salud de una economía, creció a un ritmo anual de uno por ciento durante los últimos cuatro años, en tanto Estados Unidos lucha para recuperarse de la peor recesión desde la Gran Depresión.

Ese porcentaje es menos de la mitad del promedio de 2.2 por ciento de aumento desde 1983, de acuerdo con los datos del Departamento de Trabajo de Washington.

“El crecimiento más lento de la productividad quizá se ha convertido en la norma”, dijeron los funcionarios del Banco Central en su reunión del 29 y 30 de octubre, según las actas dadas a conocer la semana pasada. Esto representa un cambio respecto de anteriores comentarios de Bernanke, de que la desaceleración probablemente fuera temporaria y terminaría conforme avanzara la expansión.

¿LA RAZÓN?

Puede que esté operando una combinación de fuerzas. Castigados por la profunda caída económica, los ejecutivos de las empresas redujeron los planes de gastos en fábricas, equipos, investigación y desarrollo. Las startups se han visto frenadas porque a los emprendedores les cuesta obtener financiamiento de prestamistas todavía cautelosos. Y los estadounidenses desempleados ven atrofiarse sus habilidades cuanto más tiempo pasan sin trabajo.

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