Querida Nicaragua: La grita ha sido general en contra del proyecto del señor don Daniel. Quiere convertirse en presidente vitalicio, con unas supuestas reformas, que no son sino la destrucción de la actual Constitución. Además con las tales reformas el presidente puede heredar el poder a sus hijos y convertir la nación en una dinastía hereditaria.
La Constitución de Nicaragua es un buen documento redactado para regir una nación democrática. Es una Carga Magna que promueve la separación e independencia de los poderes del Estado, que le da al ejecutivo las funciones que tiene que darle, lo mismo al poder legislativo y al poder judicial.
En su artículo 147 nuestra Constitución prohíbe la reelección presidencial para quienes hayan ejercido la presidencia de la República durante dos mandatos y para quien la ejerza en el período anterior a la elección presidencial. Ese era el caso del señor don Daniel, quien no podía presentarse como candidato para las elecciones del 2011. Pero como dispone en el poder judicial de servidores que no tienen vergüenza ni dignidad estos se encargaron de declarar inaplicable el artículo 147, permitiendo así que don Daniel pudiera optar a la candidatura. Lo demás estaba hecho con un poder electoral lleno también de gentes que no tienen ni vergüenza ni dignidad y le adjudicaron a don Daniel una enorme cantidad de votos para poder elegir, aunque fuera con trampas, 63 diputados, todos arrodillados a los pies del dictador.
Para no tener que hacer estas truculencias en la Constitución de la República, don Daniel quiere cambiarla por otra, quiere quitar todo aquello que le estorba para seguir siendo presidente, acabar con los poderes del Estado, gobernar por decreto minimizando al poder legislativo, donde los 63 diputados a su servicio gustosamente se prestarán a permitir que sea don Daniel quien les haga las leyes.
Pero no solo eso. En las tales reformas el señor don Daniel se lleva de encuentro a los sindicatos, que no protestan porque son sindicatos blancos en poder del gobierno, los del Frente Nacional de los Trabajadores (FNT), a la sociedad civil, a las familias, queriendo imponer un tipo de control sobre la intimidad de los hogares, a las iglesias que están protestando enérgicamente en contra del proyecto de reformas; inclusive el Cosep que ha tenido en los últimos días relaciones aparentemente cordiales con el Gobierno, expresó su preocupación y dio sus puntos de vista en relación con las reformas, pidiendo además por lo menos dos meses de plazo para poder revisarlas y consultarlas con los empresarios.
La última organización que se ha expresado es la Conferencia Episcopal, nuestra Iglesia católica, rechazando tajantemente las reformas propuestas por el gobierno orteguista.
Es verdad sabida que la Constitución que tenemos es una excelente Constitución. Aquí cabría el dicho popular: ¿Para qué buscarle tres pies al gato sabiendo que tiene cuatro? Es excelente pero no es la Constitución que quieren los señores del llamado socialismo del siglo XXI. El señor don Daniel quiere ahora una Constitución a su medida para cumplirla, una Constitución donde él pueda mandar con un simple decreto, donde pueda reelegirse las veces que quiera y heredar el poder a sus hijos si el caso llega a presentarse. En otras palabras, destruir la República y crear una especie de monarquía.
Por eso es que hay una grita general en contra de las tales reformas que los 63 diputados arrodillados están queriendo aprobar contra viento y marea. Por supuesto que los empleados públicos, sobre todo aquellos que tienen altos cargos y ganan muy buenos salarios, expresan públicamente que las reformas son muy buenas, pero ellos saben que son muy malas, los buenos son los salarios que ganan y que no quieren perder. Bien dijo el apóstol José Martí: “Estamos cansados de que se ponga sobre nuestras nucas el peso de los yugos, pero hay hombres que no se cansan de esto jamás”. El autor es gerente de radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
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