Guillermo Cárdenas Montalván

La RS del siglo XXI

La Responsabilidad Social (RS) es una locución vieja y nueva a la vez, vieja relativamente para los países desarrollados y nueva para países como el nuestro en vías de desarrollo. Esta expresión tiene sus primeras formas de aparición en la Edad Moderna, el tercero de los periodos históricos, donde se dieron relevantes movimientos intelectuales dando origen al diálogo y a las ponencias sobre la abolición de la esclavitud y los derechos del hombre. Bajo esta premisa es notorio que la Responsabilidad Social cambia de acuerdo al contexto, a las circunstancias y a las demandas de la mayoría.

En la actualidad, la RS obedece al compromiso honorable de las instituciones para con la sociedad, de la cual ocupa a sus socios y colaboradores. Este compromiso está ligado a los valores empresariales que cada unidad económica practica y promueve en sus clientes internos, externos y en la sociedad que le circunda, creando así un equilibrio social de oportunidades y desarrollo conjunto.

Para lograra ese equilibrio la RS de las empresas debe ser congruente con los programas de los gobiernos que son los que están diseñados estratégicamente para reducir la pobreza, mejorar la educación, fortalecer los sistemas de salud, proteger el medioambiente y los recursos naturales y crear las oportunidades que los jóvenes demandan, si no es de esta manera; damas y caballeros con toda la honestidad del mundo y a mucho pesar, no estamos haciendo RS. Estamos utilizando recursos que no generan ni impacto ni sostenibilidad.

Las empresas deben entender y comprender que las intervenciones de RS deben ser bajo una lógica de ejecución de programas y proyectos que reúnan requisitos de viabilidad, y que contribuyan a crear, mejorar y fortalecer las condiciones de vida de los ciudadanos. Con esto no estamos hablando de donar, conceder ni mucho menos regalar, estamos hablando de impactar a mediano y largo plazo con proyectos que tengan sentido de acuerdo a la actividad de la empresa y no con “publicidad social empresarial”.

Los factores de éxito de los programas y proyectos que se deben formular y ejecutar, deben estar relacionados a la calidad de los mismos, por ejemplo; en al ámbito de la pertinencia, esto implica ejecutar proyectos que los ciudadanos demanden, no los que las empresas quieran. Eficiencia se debe lograr cambiar la situación de los beneficiarios y dejar una capacidad instalada tanto en las personas (Creación y fortalecimiento de capacidades) como en las instituciones. Eficacia, cuando se logran los objetivos planteados con la calidad deseada. La sostenibilidad mediante la consolidación de factores que garanticen la continuidad de las acciones una vez finalizada la intervención. La conjugación de estos elementos garantiza proyectos de calidad e incidencia directa en los beneficiarios, transformando y nutriendo a la sociedad.

La dinámica actual de la Responsabilidad Social del siglo XXI, en un mundo de grandes necesidades y profundas preocupaciones por su desarrollo e impacto, requiere proyectos de calidad, bien formulados y adecuados a las prioridades del país, esto implica que la formulación y ejecución de los proyectos se deban realizar con adecuada planificación y participación de los beneficiarios y con claras probabilidades de incidir en la realidad que se pretende mejorar. Las empresas deben estar claras que la RS se ejecuta con metodología de proyectos sociales no con metodología de proyectos de inversión y para ello debe contratar expertos en proyectos sociales que manejen la metodología de planificación con Matriz de Marco Lógico (MML), como lo usa la cooperación internacional.  

El autor es economista y Abogado.

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