¿Es farsa o realidad? El tremendo paquete de reformas constitucionales que de pronto Ortega dejó caer sobre la nación, sin consultas previas, fue finalmente discutido por algunos sectores en comparecencias ante la Asamblea Nacional.
Es cierto, como señaló el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), que el tiempo para hacerlo fue muy limitado, sobre todo tratándose de leyes de gran trascendencia que alteran en forma importante nuestro sistema de gobierno. En países de tradición democrática, donde la opinión pública es determinante, cambios legales de esta envergadura toman meses, y hasta años, de consultas —los “hearings” de Estados Unidos— y numerosos debates.
También es cierto que entre los invitados a comparecer fueron pocos los independientes y muchos los subordinados. No es lo mismo la opinión de la Conferencia Episcopal, quien no le debe al Gobierno ni favores ni sustento, que la de Roberto Rivas, el flamante presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE), que para sorpresa de nadie manifestó estar de acuerdo con todas las reformas —al igual que otros funcionarios gubernamentales y sectores sujetos al partido dominante—.
Pero al fin y al cabo, el hecho de que hayan sido brevemente consultados algunos sectores puede significar dos cosas: o que el Gobierno está abierto a la modificación de las reformas propuestas, o que se trata de una farsa tejida para conferir cierta legitimidad, o sabor de consenso, a cambios políticos concebidos a puertas cerradas por un caudillo y sus íntimos. Que sea una u otra cosa dependerá pues del impacto que tengan sobre las reformas las distintas comparecencias, en particular aquellas de los sectores independientes.
Lo anterior nos pone ante una coyuntura interesante, donde se pondrá a prueba, una vez más, la ética política y la seriedad de la actual administración. Pues lo que ha ido emergiendo de las comparecencias y pronunciamientos de las últimas semanas, es que entre los sectores más representativos e independientes del país prevalece una fuerte oposición hacia aspectos claves de las reformas.
Revisando las distintas comparecencias e incluso los artículos de opinión publicados hasta la fecha, se ve que mientras algunos rechazan totalmente el paquete de reformas, otros solo objetan algunos aspectos puntuales. Pero hay un conjunto de temas donde el sentir adverso es bastante unánime, como son la reelección indefinida, la participación de militares activos en el ejecutivo, y el papel de los gabinetes de familia.
Cosep, Amcham, la Alianza Evangélica, la Conferencia Episcopal, y partidos como PLI, PLC, PC y otros, se ha pronunciado, unos en forma más contundente, otros con diplomacia o timidez, en contra de todos esos aspectos. La única excepción: el pastor Saturnino Cerrato, de las Asambleas de Dios.
¿Qué hará Ortega ante las objeciones de sectores de gran peso y representatividad, como la comunidad empresarial del país, los pastores de los dos conglomerados religiosos más grandes del país, y los partidos políticos de oposición?
Podrá ignorarlas. Tiene en la Asamblea los 63 votos que se propuso obtener con el fraude electoral de las elecciones pasadas. Pero de hacerlo volverá a imponer sobre todo el país un proyecto de partido, o de familia, cortoplacista y carente del consenso nacional indispensable para construir proyectos de nación estables y a largo plazo. Estará entonces surcando la misma ruta divisiva y conflictiva que ha desgarrado tantas veces nuestra historia.
La paz y la estabilidad no se construyen con la marrulla, el control del estado o las fuerzas choque. Tampoco con pan, circo y purísimas. Sino buscando, a través del diálogo, la apertura y el respeto, consensos amplios que concilien y reflejen los anhelos de los ciudadanos y que sirvan de marco de convivencia a varias generaciones.
El autor es sociólogo, fue ministro de Educación.
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