Francisco Aguirre Sacasa

Cincinato, un dictador virtuoso

En estos tiempos de efervescencia política debido al cambio fundamental en la Constitución Política que está proponiendo el comandante Ortega a través de sus diputados en la Asamblea Nacional, he notado una cierta desorientación o confusión entre algunas figuras políticas y politólogos nicaragüenses en cuanto a conceptos básicos. Por ejemplo, en un reciente programa de televisión, hubo una discusión sobre si Daniel era un dictador. En esta dialéctica, vi a algunos demócratas enredarse —o, mejor dicho, dejarse enredar— en cuanto a lo que es un dictador.

Con ánimo de tratar de aclarar este concepto, ofrezco unas reflexiones con relación a este tema. Hubiera sido, quizás, más fácil solo tomar la definición de mi diccionario de la Real Academia Española. Pero no lo he hecho porque mi edición es la de 1947. O sea que fue publicado cuando el Generalísimo Franco era caudillo de España “por Gracias de Dios” y su definición de dictador fue, llamémosla, prudente.

Entrando en materia, a mi manera de pensar un dictador es alguien que ostenta el poder sin, o con muy pocas, limitaciones en cuanto a lo que realmente cuenta: su monopolio del poder.

Los dictadores siempre han existido y vienen en todos los sabores. Algunos son de la derecha y otros de la izquierda. Algunos llegan al poder democráticamente y después descartan el andamiaje de la democracia. Otros lo toman en golpes de Estado o lo heredan. Independientemente de estas consideraciones, sin embargo, la manera más simple de clasificarlos es utilizando un espectro en donde los más cruentos y totalitarios con ambiciones dinásticas estarían a un extremo y los dictadores “lite” que respetan las apariencias de la democracia, ceden ciertos espacios políticos a sus adversarios y que gobiernan pacíficamente estarían al otro. Stalín y Hitler serían ejemplos recientes de los peores. No solo dominaban todos aspectos de la vida nacional sino que se inmiscuían hasta en la vida individual de sus compatriotas. Además, fueron cruentos liquidando literalmente a millones de personas en sus propios países o imperios al igual que en otros países.

Al otro extremo del espectro dictatorial estaría, por ejemplo, Luis Somoza Debayle —el segundo miembro de la troika dictatorial y dinástica de los Somoza—. Durante su gobierno, Luis Somoza respetó muchos derechos ciudadanos, incluyendo la libertad de prensa. Es más, su gobierno jugó un papel facilitador que le permitió a nuestro país un crecimiento económico sostenible y acelerado. Finalmente, convenció a su familia permitir que su relevo en la Presidencia fuese otro presidente de feliz memoria: René Schick.

Los dictadores o tiranos no son bien vistos ni en la historia ni la literatura. Nada más y nada menos que Dante Alighieri, el escritor medieval que es considerado el padre del italiano, los asignó al séptimo círculo del infierno en su obra clásica: La Divina Comedia . Allí, por ejemplo, residía Atila el huno. Solo los defraudadores y los traidores se encontraban en los círculos para los más malditos: el octavo y noveno, respectivamente.

Cabe señalar que ha habido dictadores extraordinariamente virtuosos. Estos fueron unos pocos y son las excepciones que comprueban la regla. El más connotado de estos fue Lucius Quinctius Cincinnatus, mejor conocido solo como Cincinato en español. Fue un aristócrata romano que vivió en la infancia de la república romana, pocos años después de que los romanos se liberaron del último rey etrusco que gobernaba su ciudad al expulsar en 509 a.C. a Tarquinio el Soberbio.

En ese entonces Roma no tenía un gran imperio. Era una pequeña ciudad-estado en el centro de Italia aunque con aspiraciones a establecer su hegemonía en Lazio, la zona de Italia alrededor de Roma. En la constitución de la república romana existía la figura de dictador, cargo que el Senado otorgaba a un ciudadano cuando la república enfrentaba grandes peligros. Al ser llamado por el Senado, el hombre escogido como dictador se ponía al frente de la república por seis meses y poseía poderes absolutos para hacerle frente a la emergencia externa o interna.

En el caso específico de Cincinato, Roma se encontraba en una lucha con los ecuos y los volscos, pueblos vecinos que se disputaban el dominio de Latium con Roma. Después de la derrota del ejército romano al mando de un cónsul inepto, Roma corría el peligro de ser conquistada por sus vecinos. De cara a esta amenaza, una delegación de senadores se dirigió a la pequeña finca de Cincinato en donde lo encontraron arando a su campo con un par de bueyes. Cincinato aceptó el llamado de su patria y el día siguiente se presentó en Roma, levantó un ejército y logró derrotar al ejército de sus vecinos. Fue generoso en la victoria pero obligó a los sobrevivientes del ejército enemigo pasar desarmados por debajo de un yugo, una humillación que simbolizaba su sumisión.

Cincinato logró salvar a Roma en 16 días y después hizo lo extraordinario. En lugar de continuar como dictador con poderes omnímodos por los cinco meses y medio que le quedaban —o permanentemente— regresó a su vida de simple ciudadano y agricultor. Con este noble gesto, Cincinato no solo hizo un aporte importantísimo a la república romana en sus años formativos sino que pasó a la historia universal como un ejemplo de civismo, integridad, humildad y desprendimiento. Llegó a personificar los ideales republicanos.

Su legado histórico fue tan duradero que en Estados Unidos existe una importante ciudad, Cincinnati, que lleva su nombre. Y también hay una prestigiosa y antigua organización, que se llama la Sociedad de los Cincinnati, fundada después de la revolución norteamericana por patriotas que querían honrar el hecho de que Jorge Washington desinteresadamente regresó a su finca, Mount Vernon, después de haber liderado al ejército revolucionario y servido dos períodos presidenciales sin buscar como perpetuarse en el poder a pesar de su inmenso prestigio y popularidad.

En los debates que se están dando con relación al futuro de nuestra República, sería bueno que los nicaragüenses tomásemos en cuenta al hermoso ejemplo que Cincinato nos dio hace 2,500 años con su noble actuar.

El autor fue presidente de la Comisión de Economía de la Asamblea Nacional.

Opinión dictador archivo

COMENTARIOS

  1. al paz
    Hace 13 años

    si hablamos de dictadores progresistas yo le diria el ejemplo de pinochet claro una persona controversial por el golpe de estado pero el tambien ironicamente se retiro tras un referendo nacional el pueblo le dijo basta hoy chile es el mejor pais de latinoamerica pero este caso es inaplicable a ortega imposible compararlo con cincinato o pinochet .

  2. fernando
    Hace 13 años

    Fidel Castro dice que el presidente de EU es mucho más dictador que él puesto que hay mucho más poder concentrado en las manos del presidente de EU que en las manos de nadie más. Obama puede desatar una guerra termonuclear con una simple orden suya, mientras que Fidel ni siquiera tenía poder para nombrar un embajador. Lo que pasa que la derecha usa el término dictador para referirse a quién sea que no le gusta y descalificarlo. La nueva Constitución más bien le quita poder a DOS.

  3. Margarita
    Hace 13 años

    Ay,Fernando (con mayúscula),ya lo dijiste bien,»Fidel dice» y al decirlo el mismo que es condenado por casi 11 millones de cubanos -sin contar los que en el mundo también lo condenan,que también son millones- esto no le da ninguna credibilidad. Acepta que como argumento no te sirve de nada. Piensa, piensa… y reflexiona.Además,puedo asegurar como cubana que soy que tú, de tiranías, tú no sabes nada: no la has vivido.Estás opinando por opinar. Fíjate que ni siquiera sabes poner tu nombr

  4. rex ruiz
    Hace 13 años

    hola margarita disculpame en nombre de todos los nicaraguenses pensantes pero desgraciadamente en este pais existen muchas personas como fernando que apesar de la miseria que se vive en este pais no se dan cuenta ? es como que no tuvieran cerebro son como zombies que se dejan manipular por el tirano .

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