El 21 de noviembre pasado se conmemoró el Día Mundial de la Filosofía, establecido desde hace varios años por la Unesco para celebrarse el tercer jueves de noviembre. Catorce días antes, el 7 de este mismo mes, tal como me lo recordó Luis Sánchez, se cumplieron cien años del nacimiento del gran escritor y filósofo francés, Albert Camus, cuya magnífica obra lo caracterizó como uno de los más grandes escritores del siglo XX.
A Camus le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura, en diciembre de 1957, cuando contaba con 44 años de edad. Sus obras constituyen un referente fundamental en la literatura, el teatro y el ensayo en el siglo XX y en la actualidad. De su riquísima producción intelectual podemos mencionar, entre otras, El revés y el derecho, Bodas, El verano, La caída, La Peste, Calígula , y por supuesto, El extranjero , posiblemente su obra literaria de mayor difusión. De igual manera, El mito de Sísifo y El hombre rebelde constituyen un referente fundamental en el campo de la reflexión filosófica y política. El 4 de enero de 1960, dos años después de habérsele otorgado el premio Nobel, moría Albert Camus a consecuencia de un accidente automovilístico.
Su deslumbrante trayectoria fue, no obstante, severamente cuestionada, tanto por consideraciones filosóficas como políticas. Se le negaba a Camus la condición de filósofo, porque se consideraba inconsistente su reflexión, y porque se la hacía provenir de la literatura o de la acción personal, social, política, o cultural, más allá del riguroso sistema de conceptos que forma la filosofía.
Fernando Savater en su artículo, Albert Camus, filosofía de un espontáneo , publicado en El País de España el pasado 7 de noviembre, cita a Jean Paul Sartre cuando dice: “Camus pone cierta coquetería en citar textos de Jaspers, de Heidegger, de Kierkegaard, que por otra parte no siempre parece entender bien”.
Por su lado, Czeslaw Milosz, citado por Savater, se pregunta: “Pero, en primer lugar ¿Qué se entiende por filosofía? Para algunos, como Camus, la filosofía exige una alimentación casi carnal y se rehúsan a hablar de las cosas que no tocan por sí mismos”. Y en otra parte de su artículo Savater dice: “Pero se equivocan quienes expulsan a Camus del jardín de la filosofía, porque sin filosofía no se entienden ni justifican sus ficciones, que son el modo que utiliza para hacerla comprensible”. “¿Por qué escribes novelas o dramas teatrales?”, pregunta la filosofía; y Camus responde: “Para vivir mejor”.
Creo oportuno señalar que la actitud de Camus ante la filosofía adquiere actualmente una singular vigencia, desde el momento que se enfatiza que la filosofía no es solamente un ejercicio académico independiente del mundo, sino expresión conceptual del mismo. Hay que tener en cuenta que el pensamiento es una forma de la realidad, a la vez en que también la realidad es una forma del pensamiento.
Camus, y en eso coincide con las tendencias contemporáneas de la filosofía, retira a esta de su torre de marfil y la inserta en el contexto histórico. Fue un filósofo, en tanto encarnó filosofía y vida, y en este sentido hizo filosofía desde la novela, el teatro, la política, el ensayo. Aunque no estoy de acuerdo con algunos de sus puntos de vista, sí lo estoy con otros y con la actitud de considerar la filosofía, no como una supra disciplina aislada, sino como algo presente en las manifestaciones de la cultura y la vida.
Como decíamos, Albert Camus es sin duda uno de los más grandes escritores del siglo XX. Mi experiencia con su obra ha sido diferente de la que tuve con la obra de Sartre. En Sartre llegaba a la literatura por la filosofía; en Camus llegaba a la filosofía por la literatura. Filosofía poética y poesía filosófica, su obra toda, y principalmente El mito de Sísifo y El hombre rebelde , me atraparon en la belleza de su prosa más que en el rigor del concepto. La tersura y transparencia de su escritura, lo mismo que sus sentencias y apelaciones por la vida, hacen de su obra la ética más bellamente formulada.
Para Camus, lo único verdaderamente importante es la vida. Todo lo demás es secundario. La existencia, para él, no solo precede a la esencia, sino que vuelve irrelevantes los demás problemas de la filosofía. En El mito de Sísifo sostiene que “no hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no vale la pena de que se la viva es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”.
Para él, la decisión afirmativa de la vida, conlleva asumirla intensa y profundamente sin esperanza pero sin desesperación. En su obra El verano , señala que la esperanza es el peor de los males que los griegos hicieron salir de la caja de Pandora. “Yo no conozco, dice, símbolo más conmovedor. Pues la esperanza, al contrario de lo que se cree, equivale a la resignación. Y vivir no es resignarse”. Por el contrario, piensa que se puede ser feliz sin esperanza. Sísifo puede encontrar la felicidad “al final de ese largo esfuerzo medido por el espacio sin cielo y el tiempo sin profundidad”.
Este canto de la desesperanza sin desesperación, este homenaje a la conciencia de la fatalidad sin resignación, nos deja, sin embargo, mutilados de ensueños y de auroras y sumidos en la noche perpetua de la acción sin resultado y del camino sin sentido.
A fuerza de futuro perdemos el presente, a fuerza de sueños perdemos la realidad, se nos dice, pero ¿quién puede vivir sin esperar y esperar sin soñar? ¿Qué realidad se construye sin esperanza y qué vida sin sueños? El ser humano espera y confía en los valores que crea y cree y que trata de alcanzar en su lucha y en su vida: la libertad, la justicia, la beatitud, la belleza, el arte. Por la esperanza transforma los límites de la posibilidad en la posibilidad sin límites.
A pesar de nuestras diferencias con su existencialismo desesperanzado, reconocemos que la profundidad de las ideas, la belleza de la prosa y la dignidad de sus acciones, hacen de Albert Camus y su obra un referente necesario para pensar el presente a los cien años de su nacimiento, fecha muy próxima a la establecida por la Unesco para la conmemoración del Día Mundial de la Filosofía. Sobre todo, hay que tener en cuenta que el pensamiento y la conducta de Camus de hacer de la filosofía una práctica y de la práctica una conducta filosófica, es un punto de vista imprescindible en el debate de nuestro tiempo, en el que se trata de unir pensamiento y realidad, teoría y acción, como componentes indisociables del quehacer filosófico.
Y finaliza su libro El mito de Sísifo diciendo: “Dejo a Sísifo al pie de la montaña. Se vuelve a encontrar siempre su carga Él también juzga que todo está bien El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo dichoso”.
El autor es jurista y filósofo nicaragüense.
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