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ALINA LORÍO L.
La migración, el abandono de las tierras, la adaptación a culturas no propias, el uso esclavista de su fuerza laboral, producto de la extrema pobreza a la que han sido sumergidos los pueblos indígenas del norte de Nicaragua, son factores que podrían estar tomando otros rumbos con la incorporación de iniciativas económicas propias que promueven su cultura y tradiciones en ofertas turísticas para nacionales y extranjeros.
Walter Ramón Miranda, originario de la comunidad de San José de Palmira, en el municipio de Totogalpa, hoy orgullosamente ostenta el título de guía turístico de San José de Palmira en Totogalpa. “Antes nos usaban como fuerza laboral mal pagada en los cortes de café y hoy nos dedicamos a cultivar, proteger y aprovechar nuestros recursos”.
Con qué satisfacción promueve a su pueblo natal, Totogalpa: “Es un pueblo chorotega donde podés visitar lugares atractivos, como por ejemplo Las Tres Señoritas y La Poza de las Motas, o ir a observar cómo los señores hacen los sombreros o las mujeres los petates, en fin (suspira…) cuántas cosas”.
En San José de Palmira, Totogalpa, la comunidad indígena ha creado las condiciones para albergar a 36 turistas, en cabañas para una persona o cabañas comunitarias para compartir con la familia. Los senderos lucen mejorados para guiar grupos de diez turistas y “ese capital o ingresos quede en la comunidad”, recalcó Miranda.
Las familias en Totogalpa, además de reconocer orgullosamente su origen y cultura, ahora saben cómo potencializarlo. Han mejorado su nivel de vida, las mujeres que venden comida por ejemplo, las que prestan el servicio de hospedaje han mejorado sus viviendas y ya no viven en condiciones extremas.
Esta instancia, reconocida nacional e internacionalmente, tiene como misión defender la autonomía y los derechos indígenas promoviendo su inserción, desde su identidad cultural, en el desarrollo económico de la región.
Desde ese contexto les ha permitido desarrollar iniciativas económicas para salir de la extrema pobreza en la que han pasado sumergidos durante muchos años.
La autonomía es parte de un conjunto de derechos establecidos en el Convenio 169 de la OIT, recientemente ratificado por el Estado de Nicaragua, y esta es la facultad que tienen los pueblos de decidir su propio destino, considerando su pasado y previendo su futuro.
[/doap_box][doap_box title=»Población beneficiada» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
650 estudiantes de secundaria y universitarios de los territorios indígenas,
35 técnicos y personal de los gobiernos locales.
150 autoridades de los pueblos indígenas de la región norte del país.
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Pero, para Walter Ramón Miranda principalmente “todo ha pasado por un cambio de mentalidad, “porque tenemos una visión hacia el futuro y protegemos nuestros recursos, también rescatamos nuestra historia y nuestro quehacer, que iban perdiéndose a lo largo de los años”.
FINCAS ECOTURÍSTICAS
Rosa Indira Avilés Ponce es propietaria de la finca ecoturística La Laguna, una de las cinco fincas cafetaleras en Dipilto que han sido acondicionadas para recibir turistas. “El cultivo del café está perdiendo valor y el turismo es una alternativa, ¿por qué no vender esto de manera que nos genere ingresos?, además es una actividad que podemos interactuarla con la actividad cafetalera”, destacó.
Es en ese contexto que se desarrolló el proyecto Iniciativas Económicas Locales con rescate de la identidad cultural en la zona norte de Nicaragua, ejecutados por la Fenacoop y la Coordinadora de Pueblos Indígenas Chorotega (CPICH), con el apoyo técnico y financiero de Progressio y la Unión Europea.
¿Cómo benefician estas iniciativas al pueblo indígena de Mozonte? Para Alejandrina Florián, presidenta del pueblo indígena de Mozonte, “los beneficiados quedan con sus negocios, su aprendizaje y también que de generación en generación vayan enseñando a sus hijos, es algo que le ayuda a la población, a las familias, porque si una mujer viene a vender o a hacer algún trabajo beneficia a toda la familia”.
“Hay mujeres que tal vez tenemos un salario mínimo y con eso no ajusta para solventar todas las necesidades básicas del hogar, pero a través de la venta de los productos elaborados aquí obtenemos ganancias y hemos abierto mercado en otros lugares, a los que hemos ido a ofertar lo que elaboramos”, manifestó Meyling Pastrana, quien confiesa que de las ganancias logró comprar su computadora y pagar gastos de sus estudios.
A SABOREAR UN BUEN CAFÉ
Julyssa Alvarado, miembro de la cooperativa Ucafe, se ha hecho cargo de un cafetín donde todo visitante, al pintoresco fronterizo pueblo de Dipilto, tiene la opción de saborear el exquisito sabor del café producido a más de mil metros sobre el nivel del mar. Han colocado hasta rótulos de promoción en la Carretera Panamericana y la afluencia de clientes cada vez es mayor.
“Como cooperativa tenemos una gran ventaja, aparte de estar en una zona cafetalera también contamos con un laboratorio de captación, el turista que venga a tomarse su tacita de café puede ver el proceso de tostado y selección del café, el empacado, el sellado y todo lo que quiera saber referente al café”, comentó Julissa Alvarado, una de las beneficiarias del proyecto.
A estas alturas la cooperativa ha dotado, al grupo de mujeres del cafetín, de una máquina para preparar el café en capuccino, frapuccino, expresos americanos y otros sabores que los clientes están demandando. “Estamos capacitados, tenemos catadores, hemos recibido cursos de barismo y por supuesto nuestra meta es que el cliente se vaya satisfecho para que regrese”, enfatizó la cooperada.
APRENDIZAJE
Ronald Izabá, presidente de la Federación Nacional de Cooperativas (Fenacoop) en la región norte, reconoció que tanto el grupo de jóvenes guías turísticos de San Lucas —preparados para acompañar a los turistas que visitan el Cañón de Somoto—, los productores y mujeres que han abierto la casa gastronómica en Totogalpa, el cafetín, las artesanas de bisuterías, “de alguna manera van a mejorar la economía de su familia y de la comunidad”.
“El aprendizaje es que nos estamos dando cuenta de que son espacios que nuestros asociados y los miembros de la Coordinadora de Pueblos Indígenas Chorotegas (CPICH) se han ganado, y que tenemos un potencial en los territorios que hay que seguir luchando para encontrar, nos hace falta mucho trabajo por hacer, pero vamos identificando las prioridades con el apoyo incondicional de los alcaldes y líderes locales”, recalcó Izabá.
Los alcaldes de Totogalpa y Mozonte, Marcio López y Consuelo Rivera, respectivamente, manifestaron su satisfacción con los alcances del proyecto.
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