[imported_image_600x400_1385004547_BIBLIOTECAS GRATIS]
Amalia Morales
Dice José Manuel Cruz que es una milla la que camina todos los días de su casa a la biblioteca Alemana Nicaragüense que está a un costado del parque en Linda Vista norte, a cuadra y media de la estación de Policía, a dos o tres cuadras de un supermercado, y unos 600 metros del Instituto Técnico Manuel Olivares, donde estudian centenares de muchachos
Cruz, quien ha caminado desde Monseñor Lezcano, vino a devolver Las intermitencias de la muerte, de José Saramago. Le encantó el argumento, dice. Le gustó la idea esa de que un día la muerte deje de funcionar y se arme un caos con su rebeldía. “Demasiada ficción”, dice Cruz un poco ingenuo. La novela de Saramago la leyó en seis días, menos de la mitad del tiempo contemplado en el préstamo.
En la biblioteca Alemana Nicaragüense, fundada en 2001 por la alemana Elizabeth Zilz, prestan los libros gratis por 15 días, con opción a renovarse. Eso le gusta a Cruz, un contador público que trabaja al destajo, pero también le gusta porque allí puede leer los periódicos nacionales sin pagar. Hay silencio y soledad en la sala. Sobre todo a esta hora, las 11:00 de la mañana, la hora en que la televisión explota con telenovelas.
UNA DOCENA DE BIBLIOTECAS
En Managua hay menos bibliotecas que salas de cine y cibercafés, pero hay más recintos con libros que teatros. Sin embargo, todos los anteriores tienen más promoción que las casas de libros.
Poco se sabe dónde quedan, en qué barrios hay bibliotecas, y menos aún lo que atesoran y cómo funcionan.
La Alcaldía de Managua tiene una red de bibliotecas municipales que no sobrepasan la docena. Algunas abren sus puertas en mercados como el Oriental, Iván Montenegro y San Judas, otras se ubican en barrios populares como Acahualinca, La Primavera, Larreynaga.
Pero también hay bibliotecas como la del centro cultural de Batahola Norte, que además ofrece clases de música, danza y carreras técnicas
En esta biblioteca hay unos siete mil títulos. Casi el doble de libros guardan los estantes de la biblioteca Alemana Nicaragüense.
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Ramírez dice que es probable que están inventariando los libros y que, aunque no estén en los estantes, están adentro. Ella misma se pone a buscar y termina hallando una vieja edición de Te dio miedo la sangre, de Sergio Ramírez, pero de los otros dos no hay nada en los estantes. Ramírez insiste en que deben estar en inventarios y aclara que no hay ninguna orientación de excluir de la estantería a estos autores nacionales contemporáneos, que además son críticos del Gobierno.
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PARA HACER TAREAS
Después de las dos de la tarde, Diana Gabriela Rocha visita la biblioteca Miguel Larreynaga, en el barrio del mismo apellido. Rocha, de 16 años, llega con su mamá, quien pregunta si tienen libros de química orgánica.
En los primeros estantes que están frente a las mesas vacías, los libros están organizados por materias como lo hace un maestro en una biblioteca escolar: química, física, matemática, se lee en los pedazos de cartulina pegados en los bordes. Las colecciones de literatura clásica y los diccionarios están en otros estantes.
Antes de que pasen cinco minutos, Rocha está en la mesa más iluminada revisando el libro de química. “Es que en el colegio no hay mucho sobre esto”, dice esta alumna de cuarto año del colegio Maestro Gabriel.
La mayoría de las bibliotecas de los barrios son visitadas y usadas por los estudiantes. Llegan a buscar libros para sacar información y cumplir con las tareas escolares. De este tipo de visitantes se llena la biblioteca en San Judas, adonde llegan en promedio 120 personas por día.
Lo mismo pasa en la biblioteca Alemana Nicaragüense, el grueso de visitantes son estudiantes. Allí, además de prestarle libros, los estudiantes tienen la opción de buscar información por internet en una de las dos computadoras que hay disponibles. Por ninguno de esos servicios se paga. Lo único que se cobra son las fotocopias, a un córdoba la hoja. Alrededor de las mesas, que pocas veces llegan a coparse de lectores, hay estantes que exhiben algunos títulos.
Vanesa Cruz, una de las bibliotecarias, explica que se sugieren libros a los lectores. Todas las semanas hacen nuevas propuestas. También se cambian los libros que están en un estante más grande y que son los contemplados para préstamos gratuitos.
A diferencia de otras bibliotecas que han dejado de prestar libros, porque la gente se ha quedado con ellos, en este recinto la experiencia ha sido bastante buena. Los lectores, muchos de ellos visitantes frecuentes y vecinos del sector, suelen regresar los libros.
En esta biblioteca también existe un sistema de cobro pagado. Por el pago anual de 10 dólares, el usuario puede llevarse dos libros a la quincena, y renovar el permiso de préstamo.
Conscientes que las visitas son altas, los meses que dura el año escolar, y que durante vacaciones el número de usuarios cae bruscamente, el personal de las bibliotecas promueve los círculos de niños lectores.
En al menos cinco bibliotecas existen secciones especiales, con literatura infantil, para promover el amor a las letras desde temprana edad.
En algunas bibliotecas, también hay círculos de lectores de adultos y de jóvenes. Algunos incluso escriben cuentos y poemas y los comparten en los círculos.
¿BIBLIOTECA CPC?
La dirección de Patrimonio de la Alcaldía de Managua ha transformado las bibliotecas municipales en recintos de patrimonio histórico. En la práctica, esto ha implicado rescatar la historia de los barrios donde están ubicadas. Se ha hecho una recuperación de personajes y de anécdotas de los barrios, dice Sara Ramírez, de la biblioteca Miguel Larreynaga.
Con amabilidad Ramírez explica que la información histórica es otro servicio que se presta en esta biblioteca, cuyas paredes están forradas con símbolos, héroes y personajes políticos. Existe un mural dedicado a Luis Selim Shible, considerado uno de los primeros guerrilleros urbanos del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
A un lado del mostrador de la entrada hay una cartulina que exhibe una pequeña réplica en arroz y escarcha de los árboles metálicos de la vida que el Gobierno ha puesto en toda la Avenida Bolívar. Y en otras de las paredes del recinto rectangular hay un mosaico en el que sobresalen fotocopias de fotos archiconocidas del Che Guevara y Carlos Fonseca. También hay una a colores de Hugo Chávez.
Por ningún lado se promueve el nombre de ningún escritor ni nacional ni extranjero.
Ramírez explica, con amabilidad, que es una iniciativa suya, que cada mes cambian de tema, y aclara que no hay una orientación partidaria de ningún tipo, insiste en que la biblioteca está abierta a cualquier persona interesada en la lectura, y que en los murales se trata de no repetir los temas, de ofrecer información diferente a la que tienen los estantes donde se hallan libros de autores clásicos como Chejov y enciclopedias Larousse.
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