Cuando visitó por primera vez la zona de petroglifos de la finca Magdalena, en la isla de Ometepe, le pareció que “estaba ingresando en la Capilla Sixtina”, compara el artista visual Juan José Rivas Alfaro. Este sentimiento relacionado a lo mítico y arte, confiesa, lo inspiró a pintar una serie de cuadros, Apariciones del Cocibolca que expondrá en la nueva galería Gadisur.
Entre sus obras se encuentran representaciones de mono, búhos y otras figuras míticas de la cultura indígena mesoamericana, pero reinterpretados no con una intención del rescate de lo precolombino, sino emocional y conceptual, aclara el artista.
“Por eso le he llamado apariciones, representan los espíritus del pasado, entes o personajes que aparecen en el espacio y no estudios o copias”, agrega.
También se expondrán en otra sala obras de Denis Núñez y el joven pintor Jorge Rodríguez. Estas pinturas estarán expuestas hasta el fin de mes.
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Reinterpretación
Dice que para lograr este proceso realizó un estudio para compenetrarse del entorno y su historia. Recuerda que sus primeros trabajos eran artesanías con dibujos de monos en cocos, su experimentación lo llevó a buscar su propia imagen del mono, con expresiones ingenuas, trazos lineales, cuadrados y en varias escalas de colores.
Casos similares fue con la imagen del búho, logrando acercamientos a los dibujos precolombinos en unas obras, en otras, expresiones más espaciales en su reinterpretación, explica.
En esta primera etapa ha jugado con los planos y la tridimensionalidad, pero su meta —expone el artista—, es alcanzar en futuras obras, imágenes que se vayan transformando en planos con figuras más simples hasta llegar a una abstracción más pura.
Espera que el público reaccione favorablemente al ver sus pinturas acrílicas por su novedosa plasticidad, porque no son repetitivas, y por sus referentes en la relectura emocional y lúdica de lo precolombino con sus atmósferas de rituales, figuras zoomorfas, paisajes y volcanes.
Su última exposición la realizó en el 2000 en la galería Añil sobre el tema del tiempo. Por la calidad de sus obras y propuestas en 1992 recibió en el Concurso Nacional de Artes Plásticas, el Gran Premio Rodrigo Peñalba, por su dibujo Estancia, el Premio Silvio Miranda en 1989, y por la pintura Después de la última cena , el Premio Asilia Guillén.


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