La candidata presidencial derechista Evelyn Matthei valora los resultados electorales el 17 de noviembre de 2013 en Santiago

La vehemente y polémica Matthei, frente a Bachelet en la segunda vuelta

La vehemente candidata derechista Evelyn Matthei obtuvo los votos suficientes para acceder a una segunda vuelta de las elecciones de Chile y desbarató las proyecciones que daban a la socialista Michelle Bachelet como la ganadora en la primera.

La vehemente candidata derechista Evelyn Matthei obtuvo los votos suficientes para acceder a una segunda vuelta de las elecciones de Chile y desbarató las proyecciones que daban a la socialista Michelle Bachelet como la ganadora en la primera.

La economista Matthei alcanzó el segundo lugar de la votación de las elecciones del domingo con un 25 % de los votos, lo que le permitió acceder a una segunda vuelta que se efectuará el 15 de diciembre y en la que se enfrentará a la socialista Bachelet, la ganadora de los comicios, con un 46 % de los sufragios.

Matthei, de 60 años, se transformó en la esperanza de una derecha complicada tras asumir de forma inesperada la candidatura del oficialismo hace apenas cuatro meses, después de la renuncia del candidato ganador de las primarias de su sector, el exministro de Economía Pablo Longueira, tras serle diagnosticada una depresión.

Acceder a la segunda vuelta significó un triunfo moral para la derecha, que en los sondeos no sobrepasaba el 14 %, mientras parecía posible que la expresidenta ganara en la primera vuelta.

Casada y madre de tres hijos, Matthei ha tenido una carrera política polémica y en ascenso.

Fue diputada y senadora de Chile y luego ministra del Trabajo del gobierno de Sebastián Piñera, función en la que destacó por mediáticas fiscalizaciones en favor de los trabajadores, pero también por su carácter fuerte y enfrentamientos con groserías con parlamentarios y periodistas.

«Voy a procurar portarme como una dama», prometió la candidata tras ser proclamada en julio pasado por la ultraconservadora Unión Demócrata Independiente (UDI).

Impensada candidatura

Matthei tuvo apenas días para aceptar la nominación después de la renuncia de Longueira, un histórico dirigente de la derecha, cuya enfermedad causó un gran impacto político.

De esta forma, y cuando Matthei ya pensaba en la retirada, se convirtió en la primera mujer en postularse a la presidencia por la derecha y en la cuarta aspirante de un sector que nunca tuvo tantos problemas para designar a un candidato único.

«Yo no tenía deseos de ser candidata (…) quería ya tener una vida un poco más tranquila y dedicarme a la educación», reconoció tras su nominación.

Matthei, al igual que Bachelet, es hija de un exgeneral de la Fuerza Aérea de Chile. Ambos padres eran grandes amigos. Parecen tener historias paralelas, pero el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 separó el rumbo en la vida de las dos mujeres.

Mientras Bachelet padeció la detención y muerte de su padre, Alberto Bachelet, y debió partir al exilio junto a su madre, el padre de Evelyn, Fernando Matthei, formó parte de la junta militar de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Matthei inició su militancia política en el partido Renovación Nacional, donde formaba parte de un grupo conocido como Patrulla juvenil, integrado también por el actual presidente, Sebastián Piñera.

Ambos eran la joven promesa de renovación de la derecha chilena pos-dictadura, pero todo se truncó por un escándalo de escuchas telefónicas en 1992 que implicó directamente a Matthei y a Piñera, en momentos en que los dos aspiraban a ser proclamados candidatos presidenciales.

El escándalo se generó por la emisión en un programa de televisión de una grabación en la que Piñera pedía dejar como una «cabra chica (niña) despistada» a Matthei cuando fuese entrevistada. Después, se supo que se trataba de una interceptación telefónica ilegal realizada por las Fuerzas Armadas, de la que Matthei estaba al tanto. Tras el altercado, las aspiraciones de ambos quedaron sepultadas.

El episodio la llevó a renunciar a Renovación Nacional e inscribirse en la ultraconservadora Unión Demócrata Independiente (UDI), además de distanciarla de Piñera durante más de 20 años, hasta que, convertido en mandatario (a partir de 2010), él decide incluirla en su gabinete, dejando su puesto en el Senado.

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