Las elaboradas alas, las lentejuelas y las muestras estratégicas de piel, al igual que esos tacones de Nicholas Kirkwood y Sophia Webster, hacían que las modelos lucieran más altas que todos los demás. Candice Swanepoel se llevó la gloria de abrir el desfile con un sostén de 10 millones de dólares decorado con diamantes, rubíes y zafiros con el nombre de “Joyas de la corona”.
Como ya se ha vuelto tradición, hubo mucho drama, diversión y delicadeza en la ropa, que parecía contrastar la sensualidad más abierta de los últimos años.
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