Lucydalia Baca Castellón
Cada vez es más frecuente escuchar que ante los estragos del cambio climático, la baja productividad y la fluctuación de los precios en los mercados internacionales, el futuro de la agricultura depende del uso de semillas transgénicas, ya que estas garantizan resistencia ante plagas y condiciones climáticas adversas y elevan la productividad, condiciones que propician la rentabilidad que se requiere para ser sostenible.
Pero se debe aclarar que la agricultura de lo que en realidad depende es de la biotecnología, no de los transgénicos, “porque la transgénesis es solo un capítulo dentro del amplio campo de la biotecnología y la innovación tecnológica, que en conjunto permiten desarrollar los nuevos modelos que demanda la actividad agropecuaria”, explica Pedro Jesús Rocha Salavarrieta, coordinador del área de Biotecnología y Bioseguridad (AB&B) del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).
Arnulfo Monzón, jefe del departamento de Protección Agrícola y Forestal de la Universidad Nacional Agraria (UNA), menciona que la biotecnología utiliza organismos vivos y procesos biológicos para agilizar y hacer más eficientes algunos procesos.
“El problema es que, cuando se habla de biotecnología, muchos consideran que esta se limita a los transgénicos y a ellos los han satanizado”, asegura Monzón.
PAÍS APROVECHA TÉCNICA
Rocha, quien también coordina el Programa de Innovación para la Productividad y la Competitividad (PIPC) del IICA en Costa Rica, celebra que en Nicaragua haya muchos avances en este campo, pues se cultivan tejidos, se desarrollan bioinsumos, hay uso de microorganismos (como el inoculante para frijol a base de bacterias) y control biológico de plagas.
[/doap_box][doap_box title=»Los grandes retos» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
Según Pedro Jesús Rocha Salavarrieta, coordinador del área de Biotecnología y Bioseguridad (AB&B) del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), además de los marcos regulatorios que se requieren para que la estrategia de innovación y desarrollo tecnológico funcionen, es fundamental que los sectores involucrados (productores, compradores y consumidores) se apropien del tema.
También considera fundamental que la sociedad civil en general reciba información técnica acertada sobre el tema para que no se siga satanizando a los transgénicos, sin conocer a ciencia cierta qué son en realidad.
También aclara que la tecnología transgénica no es aplicable a todos los productos.
[/doap_box]
Monzón detalla que el laboratorio de la UNA produce plaguicidas a base de organismo vivos que son muy importantes para el control de plagas, que constituyen una importante alternativa frente a los plaguicidas químicos y sintéticos que tiene costos muy altos.
Algunas empresas, como los ingenios azucareros, producen los bioinsumos que requieren.
También se producen plantas in vitro o vitroplantas, a partir de una técnica muy útil que produce platas a partir de tallos y tejidos.
PUEDE SERVIR PARA RESOLVER PROBLEMAS
“La técnica se está usando para tratar de resolver el problema del café, producir especies forestales y otras especies. Lo bueno es que no admite ninguna crítica porque no representa ningún riesgo para nadie. Tanto así que una vez producidas estas plantas, se pueden cultivar bajo cualquier modelo productivo, incluido el orgánico”, asegura Monzón.
En el caso de las técnicas moleculares se están usando para diagnosticar enfermedades y detectar patógenos nuevos en el país.
Rocha y Monzón lamentan que la Ley 705, Ley Sobre Prevención de Riesgos Provenientes de Organismos Vivos Modificados por Medio de Biotecnología Molecular, que Nicaragua aprobó en el 2010, pero hasta la fecha carece de reglamento, se haya limitado a los transgénicos, cuando debió ser más amplia e incluir todos los aspectos de la biotecnología, que actualmente se está volviendo indispensable para el desarrollo del sector agropecuario.
Uno de los peligros que Monzón percibe es que algunas distribuidoras están trayendo al país algunos productos biotecnológicos que venden como insumos y que por ser elaborados en el exterior nadie puede garantizar sus calidad.
“Además de que la ley no contempla nada al respecto, la interrogante que queda es quién avala la calidad y la identidad real de estos productos”, advierte.
FALTA INFORMACIÓN SOBRE TRANSGÉNICOS
En el caso de los transgénicos, cuyo uso pretende regular la Ley 705, los expertos aseguran que ya existe una amplia gama de ejemplos que hasta ahora solo han beneficiado al sector agropecuario.
Hay pruebas con maíz, soya, frijol y otros productos cuyo material genético los hace resistentes a plagas y sequías, eleva su productividad y hace más balanceados sus aportes nutritivos.
“Y aunque la sociedad civil se ha venido manifestando en su contra, no existe ninguna evidencia científica que demuestre que son peligrosos. Hace falta más información y más estudios para que la gente pueda asegurar con fundamento que su uso es correcto o incorrecto”, asegura Monzón.
Por su parte, Rocha considera que muchos Organismos No Gubernamentales (ONG) han convertido en un negocio la satanización de los transgénicos y, ante la falta de información, la población termina creyendo todo lo que se dice. “Lo que falta es información”, asegura Rocha.
Por su parte, Monzón advierte que la biotecnología es fundamental para el futuro. Es por ello que existe un plan nacional y la UNA tiene una estrategia para su desarrollo. Pero en el caso de los transgénicos, estima que la discusión seguirá en torno al beneficio o perjuicio que se pueda obtener de ellos.
“En México se han hecho algunos análisis y hasta ahora no se ha determinado que sean dañinos y todos esos materiales entran al país y los consumimos”, afirma.
Rocha coincide en que los países de la región llevan años consumiendo alimentos elaborados con productos transgénicos y hasta ahora no se ha determinado que causen ningún daño a la salud.
Además, comparte con Monzón que en países como Nicaragua el gran obstáculo para el desarrollo de los transgénicos es su alto costo. Brasil y Cuba han desarrollado la tecnología para frijol y maíz, respectivamente.
“Pero, ¿será que estén dispuestos a compartir esa tecnología con otros países? Brasil está dispuesto a proporcionar la semilla para que se realicen pruebas, pero ya para cultivos comerciales, ningún país la va a regalar porque tiene un costo muy alto. Habrá que preguntar a Cuba si está dispuesta a compartir su maíz transgénico que ha desarrollado”, manifiesta Rocha.
Es el país, a través de sus instituciones vinculadas con el sector agropecuario, el que debe desarrollar la tecnología con base en sus propias necesidades y requerimientos. “Dichos esfuerzos tendrían que estar acompañados de una política de Estado que asuma los altos costos de su desarrollo”, dice Rocha.
Ver en la versión impresa las páginas: 1 C