Adolfo Acevedo Vogl (*)
El proceso de construcción de las obras de un canal interoceánico tendría como efecto un importante auge transitorio de la actividad económica. Sin embargo, la fuerte entrada de capitales asociada a la construcción también provocaría los efectos de la conocida “enfermedad holandesa”, lo cual implicaría que las actividades transables como la actividad agropecuaria, agroindustrial e industrial, dejarían de ser rentables.
Las importaciones se expandirían con una enorme fuerza debido al considerable componente importado del proyecto del canal, pero también porque la masiva revaluación del tipo de cambio aumentaría aún más la ya elevada propensión importadora, de manera que gran parte de los efectos multiplicadores escaparían al exterior por la vía del aumento adicional de las importaciones.
El resultado: una enorme ampliación de la brecha externa de la economía, muy superior a la que explicaría por sí mismo el elevado componente importado de la construcción del canal. Si el auge económico temporal atrae el capital necesario para cubrir esa brecha, se produciría una revaluación aún mayor del tipo de cambio real, que tornaría en no rentables todas las actividades potencialmente transables de la economía. Además, esta fase impactaría drásticamente la competitividad de las actividades económicas cuya competitividad depende de que se mantenga bajo el costo de la mano de obra.
La fuerte demanda transitoria de mano de obra que representarían las obras de construcción del canal elevaría durante este periodo el costo de la fuerza de trabajo para la economía en su conjunto, lo cual se vería agravado por el hecho de que, debido a la masiva revaluación cambiaria, el costo de la fuerza de trabajo medido en moneda extranjera aparecería también sobrevaluado.
Esto haría desaparecer la principal fuente de competitividad de las actividades en que la misma depende crucialmente del bajo costo de la fuerza de trabajo, como las empresas maquiladoras de zona franca. Pero también afectaría la rentabilidad de las restantes actividades productivas, que de por sí se encontrarían ya debilitadas por la sobrevaloración del tipo de cambio.
Finalmente, al acabar la fase de construcción, la economía caería en una severa depresión, con decenas de miles de trabajadores desocupados. Este fenómeno ya se produjo en Panamá, al finalizar el auge transitorio de la actividad económica que ocurrió durante la II Guerra Mundial. La Cepal describió así este hecho:
“Durante la guerra, la población residente en la Zona, así como la mano de obra allí empleada, se multiplicaron en virtud de la construcción de obras de defensa, aeropuertos, carreteras, alojamientos para los contingentes militares adicionales e incluso la construcción de un tercer juego de esclusas para el Canal, obra que luego se abandonó. (Al finalizar la guerra) las actividades económicas se enfrentan a una demanda efectiva decreciente. A la desocupación directa de mano de obra creada por la reducción en las actividades de la Zona viene a sumarse la desocupación resultante de la contracción de la demanda de bienes y servicios en ella y de la población activa que había quedado sin trabajo. El país entra entonces en un periodo de depresión y desocupación” (Cepal (1959): ¨El desarrollo económico de Panamá).
Asimismo, en un estudio realizado para el gobierno de Panamá para evaluar las perspectivas económicas que se derivarían de la construcción de un canal a nivel del mar en lugar del Canal con esclusas, la Cepal advertía: “Los problemas de la caída del ingreso y del empleo alcanzarían proporciones mayores al terminar las obras, en circunstancias en que los salarios y la concentración de la población en las zonas urbanas habrían alcanzado niveles exagerados con relación al estado de desarrollo y la dotación relativa de recursos del país El ingreso nacional bajaría bruscamente en una proporción que se estima entre el 17 y el 20 por ciento, según la localización del proyecto. A su vez, el desempleo abierto calculado se elevaría de golpe a niveles superiores al 20 por ciento de la población activa”.
La implicación es que al finalizar la ejecución de las obras de construcción el auge económico temporal acabaría y se produciría una severa depresión económica y una explosión del desempleo. Es más, una vez terminada la fase de construcción, el Canal no demandaría mucha fuerza de trabajo para su operación. Por ejemplo, el Canal de Panamá apenas genera alrededor de 9,000 empleos, alrededor del 0.5 por ciento del empleo total.
El canal quedará reducido entonces a un poderoso enclave privado, separado para todo propósito del resto del país, con muy limitada generación de empleo, sin muchos encadenamientos con el resto de la economía, en medio de una estructura productiva rezagada.
El país ni siquiera podría apropiarse de la renta diferencial internacional resultante del aprovechamiento de la ruta canalera ni podría compartir la misma, la cual será apropiada íntegramente por los concesionarios libre de absolutamente todo gravamen.
(*) Economista
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