Desde que Daniel Ortega regresó al poder nunca tuvo la intención de salir de él, por lo menos en la forma en que lo perdió en 1990, el único obstáculo era la Constitución. Ahora se va a realizar la reforma constitucional cuyo objetivo primordial es el de reelegirse las veces que le dé la regalada gana y obtener poderes omnívoros.
Un gobernante responsable, civilizado y democrático (algo que Ortega no es) hubiera consultado con las fuerzas políticas y sociedad civil algo tan importante que va a transformar el futuro del pueblo nicaragüense. Pero no fue presentado discutido ni con nadie, caso contrario a lo que Ortega exigía cuando era oposición.
Estas reformas que solo contienen el capricho orteguista, conllevan al descontento nacional porque se cierran definitivamente los espacios democráticos, dando razón a los nicaragüenses que se han tenido que ir a la montaña nuevamente, porque de no hacerlo serían asesinados. Para ellos se ha realizado una cacería infernal, cosa que en el pasado no realizó el Ejército ni la Policía contra los asesinos de personas con ideas democráticas los que posteriormente fueron amnistiados bajo el argumento de la reconciliación.
Mucha razón tiene el obispo Juan Abelardo Mata al decir que Nicaragua no es una finca privada, no podemos estar al capricho de una persona.
En la reforma se plantean cosas de pura demagogia. Para empezar, la iniciativa la presenta la bancada orteguista cargando con el muerto. Este hecho tiene su propósito: que conozcan de primera mano que su condición de diputado está en las manos del dictador, lo cual los obliga a ser completamente sumisos y a matarse entre ellos mismos por ver quién se congracia mejor con el patrón. Pero en realidad los diputados orteguistas no necesitan cambiar de opción política para ser destituidos de su curul, ejemplo es la exdiputada Xochilt Ocampo que por no apretar el botón fue destituida
Si alguien gana con esta disposición son los liberales pues son los que en la práctica se han vendido.
Si a los seguidores de Ortega les encanta ser tratados como vasallos ese es su problema, son libres para elegir ser borregos aunque deberían recordar que mal paga el diablo a quien bien le sirve. Pero no tienen derecho a imponernos un dictador.
Otro caso curioso es que considerando que el dictador va a permanecer en la presidencia hasta la pérdida de sus facultades físicas, la primera dama no podrá optar a ese cargo en ningún tiempo, porque la excluyen definitivamente. De esta manera el dictador pretende cortarle las alas presidenciales y se escapa del chantaje.
Dicen que el Estado tendrá como fin el control de la familia, que no habrá discriminación y exclusión. Pero si es que nos van a tratar como trataron a su propia hija, la familia será destruida. Además, parece que después de la reforma ya no se necesitará la carta del CPC (Consejos del Poder Ciudadano) para conseguir trabajo y se cumplirán las sentencias laborales. Parece que tendremos el paraíso en la tierra.
A los diputados orteguistas los llamo a que rectifiquen, están a tiempo de no pasar a la historia como espurios.
Los gobernantes perversos caen y arrastran a los que les ayudaron, para entonces ya será demasiado tarde arrepentirse. El autor es Analista político.
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