Carlos R. Flores (*)
Es importante saber que los Equipos de Protección Personal (EPP) son el componente menos efectivo de los mecanismos de control de peligros en el trabajo, puesto que primero que todo debe tratarse de minimizar esas situaciones por medio de robustos Controles de Ingeniería, específicamente, plantearse para cada peligro su posible: 1) eliminación; 2) sustitución; 3) aislamiento.
Después de estos controles mencionados, solamente queda en la jerarquía el disminuir el peligro operacional por medio de procedimientos administrativos y prácticas seguras de trabajo, siguiéndole finalmente el uso del EPP, ya que su adecuada protección dependerá relativamente de varios factores, tales como la disposición y voluntad de la persona para utilizarlo en forma correcta, así como el grado de energía y determinación que el empleador ponga en este esfuerzo.
La seguridad operacional es una decisión solitaria, puesto que el nivel de protección efectivo del EPP va a depender del uso que la persona decide hacer de este cuando nadie le está viendo, siendo entonces un resultado sujeto a una serie de pasos previos que requieren inducción, capacitación, concienciación y aplicación de disciplina progresiva y cierta por parte de la empresa.
No hay que perder de vista que el EPP es una de las obligaciones fundamentales que la Ley 618 de Higiene y Seguridad de Trabajo señala tanto para el empleador —la de suministrarlos gratuitamente— y para el empleado, la de su uso imprescindible. La omisión de proveerlos y de no usarlos puede acarrear también responsabilidades, sanciones y medidas coercitivas para ambas partes.
Tradicionalmente se piensa que la responsabilidad de la empresa termina en proveer los EPP para la tarea y nada más. Es preciso primero que todo, buscar información sobre aquellos EPP específicos para el nivel de riesgo de la tarea, pero sobre todo, conocer las certificaciones y estándares internacionales que les son requeridos para no cometer errores de adquisición que pueden pagarse muy caros.
Hay que exigir las certificaciones específicas de calidad que deben cumplir, desde las norteamericanas —reputadas como las más estrictas— ANSI, ASTM, Niosh, OSHA, entre otras, y saber las normas homologadas sean estas canadienses, europeas, hasta las latinoamericanas; específicamente las Convenin venezolanas y las NTC colombianas.
Hoy día existen EPP cuyos estándares de calidad son muy cuestionables, desde cascos de seguridad con protección irrisoria, hasta otros equipos “copycat” que solamente disfrazan su baja calidad y ausencia de protección efectiva.
Hay que saber de antemano el EPP que se va a adquirir, siendo necesario hacer una búsqueda de las normas y certificaciones internacionales que le son correlativas y exigirlas al proveedor local o internacional.
Durante un reciente taller de capacitación con una empresa cliente que realiza exitosamente trabajos con riesgos especiales —altura y eléctricos— se enfatizó entre numerosos tópicos, la necesidad de capacitar adecuadamente en EPP y adoptar como regla cardinal el efectuar inspecciones detalladas a estos para verificar su condición para brindar protección, así como la adopción de prácticas internacionales establecidas para su adecuado mantenimiento, uso correcto y condiciones para reemplazo.
(*)Consultor en Seguridad Industrial.
www.noalosaccidentes.wordpress.com
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