ACAN-EFE
En los estadios de Costa Rica han reaparecido los insultos racistas de aficionados contra futbolistas, después de unos meses de ausencia, ante lo que la Federación Costarricense de Futbol decidió recurrir a la mano dura contra los clubes.
La Federación ordenó esta semana a la Unión Nacional de Futbol (Unafut), que organiza la Liga de primera división, aplicar los reglamentos de la FIFA que estipulan desde sanciones económicas y partidos a puerta cerrada, hasta el descenso de categoría para los equipos cuya afición reincida en este tipo de actos.
Los insultos a la honra que la afición del Saprissa coreó al portero del Puntarenas, Víctor Bolívar, y los gritos racistas proferidos por la afición del Cartaginés al jugador del Herediano Waylon Francis, el último fin de semana de octubre, supusieron las gotas que derramaron el vaso.
A esto se suma que la Unafut solo impuso sendas multas de unos 1.000 dólares para el Saprissa y el Cartaginés, amparándose en que los reglamentos del torneo local permiten únicamente este tipo de sanción para casos como los de Bolívar y Francis.
Esto motivó la reacción de la Federación Costarricense de Futbol (Fedefutbol) que ordenó a la Unafut aplicar lo que indica la FIFA en sus más recientes reglamentos en contra del racismo.
«Estos hechos dan pena. La reglamentación es clara y no nos va a temblar la mano para aplicarla», aseveró el presidente de la Fedefutbol, Eduardo Li.
Cuando un equipo sea castigado por primera vez por gritos racistas o discriminatorios de la afición se aplicará una multa económica, la segunda vez se castigará al equipo con jugar un partido a puerta cerrada.
Si la afición reincide, la tercera vez se penalizará al equipo con la pérdida de seis puntos y si los hechos ocurren por una cuarta ocasión, el club descenderá de categoría.
La Unafut ha dicho que realiza una serie de acciones para combatir el racismo, la discriminación y la violencia en el futbol como una campaña en los estadios y el impulso que dio a una ley que entró en vigencia en junio pasado.
Otro de los pasos a seguir será reunir a los árbitros para unificar criterios acerca de las determinación que deben tomar durante un partido en caso de que se presenten actos de racismo.
Este vacío se evidenció en los hechos ocurridos contra Bolívar y Francis el fin de semana pasado.
El árbitro Rafael Vega detuvo el partido entre Saprissa y Puntarenas del pasado sábado 26 de octubre en dos ocasiones para advertir a los aficionados de que si continuaban insultando al portero Bolívar mandaría a sacarles del estadio para continuar el compromiso sin público.
El capitán del Saprissa, Alexander Robinson, tomó el micrófono para intentar calmar a los hinchas, mientras sus compañeros saludaban al portero rival como muestra de solidaridad.
Sin embargo, la afición continuó gritando, aunque con menor intensidad, la palabra «chivo», la cual supone una ofensa contra un hombre cuando su mujer le engaña con otro.
El árbitro continuó el partido sin tomar alguna determinación adicional.
Algo similar ocurrió con el árbitro Johnny Quirós, quien detuvo por algunos minutos el partido entre Cartaginés y Herediano del domingo 27 cuando un grupo de hinchas lanzó insultos racistas y gestos obscenos a Waylon Francis.
Ante la lluvia de insultos, el futbolista se negó a ejecutar un saque lateral, pero tras parar el partido momentáneamente el árbitro decidió continuar las acciones.
Una de las herramientas más recientes en este tema es la Ley para la Prevención y Sanción de la Violencia en Eventos Deportivos, que entró en vigor en junio pasado, y que establece prohibiciones de ingreso a estadios por periodos que van de seis meses a tres años, para las personas que gritan insultos racistas o participan en hechos violentos.
Los jugadores han reconocido que los gritos racistas se llevan escuchando durante años en el futbol costarricense, ante lo que el reto que se han planteado las autoridades es que la sociedad deje de ver estos insultos como hechos normales y erradicarlos de los estadios.