CARLOS R FLORES
noalosaccidentes.wordpress.com
Vivimos en una sociedad adicta al riesgo. No solamente por las conductas permisivas que pueden darse como padres al supervisar la conducción vehicular de nuestros hijos, sino también por el bajo nivel de interés que mostramos en comprender los riesgos involucrados, los cuales, debido a la ausencia de información institucional disponible y confiable, hacen que —aunque queramos ver hacia otro lado— el problema no desaparezca, y hoy la probabilidad de fallecer en un accidente de tránsito es la primera causa de muerte en nuestro país, especialmente para el segmento entre 20 y 25 años. ¿Lo duda? Lea los periódicos.
El conocimiento de la Ley 431 y las pruebas de manejo son solamente un requisito los cuales deben cumplirse tal cuales. No se brinda formación adicional ni tampoco una inducción moral tanto a los conductores jóvenes como a los padres de familia— ante las responsabilidades que se adquieren ante el hecho de conducir un vehículo.
Se carece de esa formación y concienciación de los mayores responsables morales: los padres, quienes ven el hecho de conducir para el joven con una inocencia cómplice.
Mayoritariamente, no existe compromiso entre padres e hijos jóvenes para “mentorear” la conducción vehicular; se deja al azar de un proceso de formación eventual, casual e improvisado. A mayor riesgo, mejor sensación de autosuficiencia. No se muestra por ningún lado las expectativas de las conductas que debe guardar el conductor adolescente o adulto joven.
Alguna información de interés para los padres que ha sido obtenida en países ordenados y con procesos de cambio cultural sobre la conducción vehicular:
1. Los conductores jóvenes hacen el 15 por ciento del kilometraje recorrido durante la noche, pero el 40 por ciento de los accidentes fatales ocurren durante ese período. Aún para el conductor experimentado, las posibilidades de accidente nocturno aumentan tres veces en comparación con el día.
2. A mayor número de pasajeros mayor posibilidad de accidente. Para conductores jóvenes, el hecho de tener un pasajero aumenta en 48 por ciento la probabilidad de accidente por la distracción conversacional. El riesgo crece exponencialmente cuando se añaden dos pasajeros: 258 por ciento y 307 por ciento más de posibilidades cuando hay tres o más. El entorno social en un vehículo en marcha es un factor brutal de ocurrencia de fatalidades.
3. Uso de celular al conducir. Extraño pero muy imaginable, en Nicaragua “no se llevan” estadísticas de las muertes causados por uso del celular al conducir, para hablar, o bien, chatear, que es lo que mayoritariamente hacen los conductores jóvenes. Informe a su hijo-a sobre esta causa de “muerte por celular”.
4. Licor y presión grupal: Debería ser extraño que Nicaragua no tuviese al menos los mismos índices de muerte de la región: 33 por ciento de los jóvenes conductores muertos entre 20 y 25 años había estado bebiendo. La presión de grupo es el mecanismo más fuerte que hace que los jóvenes —hombres y mujeres— consuman licor en forma desenfrenada. Debe estimularse y premiarse al conductor designado, porque es talvez el recurso último que puede salvar una vida. Involúcrese.
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