Estados Unidos ha tratado esta semana de contener el daño que las revelaciones de espionaje han hecho en la relación con sus aliados europeos, mientras miles de manifestantes protestaron ayer en Washington. “No nos pueden hacer escoger entre libertad y seguridad”, aseguró Rainey Reitman, una de las coordinadoras de la marcha “Detengan la vigilancia masiva”, en su intervención ante la escalinata del Congreso.
Los manifestantes exigían una “mayor supervisión” de las actividades de inteligencia e “incrementar la transparencia” de estos programas.
456El diario maltés asegura que sólo uno de los ocupantes del helicóptero, que aseguran ser franceses, llevaba pasaporte.
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Edward Snowden, el excontratista de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), quien ha filtrado miles de documentos clasificados de inteligencia de EE. UU., envió un comunicado a uno de los organizadores de la protesta, en el que indicó: “Hoy en día, ningún teléfono de EE. UU. realiza una llamada sin que sea registrada en la NSA. Ninguna transacción por internet entra o sale de EE. UU. sin pasar por las manos de la NSA. Nuestros legisladores en el Congreso nos dicen que no es vigilancia. Están equivocados”.
La fecha es significativa ya que coincide con el duodécimo aniversario de la Ley Patriota (Patriot Act), aprobada tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, y que permite a la NSA realizar amplias medidas de vigilancia de comunicaciones siempre que se considere que son relevantes para una investigación.
EE. UU. encara un creciente enojo de sus socios europeos, tras nuevas revelaciones sobre las escuchas realizadas por la NSA a varios líderes europeos. Uno de los más molestos es Alemania, quien descubrió en los últimos documentos filtrados a la prensa por Snowden cómo los servicios de inteligencia estadounidenses habían tenido acceso al teléfono personal de la canciller Angela Merkel durante años.
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