En un encuentro marcado por la ausencia de la mitad de los presidentes latinoamericanos, la Cumbre Iberoamericana de Panamá dio luz verde a la refundación de este foro para adaptarlo al nuevo escenario mundial, 22 años después de su creación.
Concentrar las actividades de la Conferencia Iberoamericana en grandes áreas de acción como los Espacios Iberoamericanos del Conocimiento, de la Cultura, de la Cohesión Social, de la Economía y de la Innovación.
En los años en que no se celebre Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, se reunirán los ministros de Relaciones Exteriores.
Convocar, en el primer cuatrimestre de 2014, una Reunión Extraordinaria de Coordinadores Nacionales y Responsables de Cooperación para dar las directrices del presupuesto de 2015, que tendrá en cuenta un informe de un Grupo de Trabajo con una evaluación de manera integral de las oficinas regionales, con propuestas relativas a la continuidad o no de las mismas y, de ser el caso, su financiación y estructura.
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- “Latinoamérica no solo tiene que ser destino de inversiones y comercio,sino también origen de capitales que puedan ayudar a los europeos en beneficio mutuo”.
- Ricardo Martinelli, presidente de Panamá en la XXIII Cumbre Iberoamericana.
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Los protagonistas de la XXIII Cumbre Iberoamericana centraron sus mensajes en la necesidad de renovar la relación entre América Latina, España y Portugal, en cuestiones como el comercio y la inversión, sin olvidar las habituales menciones a la interminable lacra del narcotráfico.
Los jefes de Estado y de Gobierno aprobaron la reforma de la organización y contenido de las cumbres, que pasarán de ser anuales a celebrarse cada dos años, alternándose con las de Unión Europea (UE).
Aprobaron, asimismo, la reestructuración de la Secretaria General Americana (Segib), aunque no acordaron y dejaron pendiente a partir de 2015 la nueva redistribución de cuotas de su financiación para que los latinoamericanos asuman un mayor porcentaje y España, que ahora aporta el sesenta por ciento del total de los siete millones de su presupuesto, rebaje su parte.
La práctica totalidad de los gobernantes y representantes de los países apoyaron la reforma de las cumbres para mejorar su eficacia y adaptarlas “a la cambiante realidad” del mundo global actual.
El presidente de Panamá y anfitrión del encuentro, Ricardo Martinelli, reclamó “más Iberoamérica” en este contexto actual, rememorando el llamamiento del rey Juan Carlos en la anterior cumbre de Cádiz para mantener viva la comunidad.
COMPROMISO AL CAMBIO
Entre lo acordado por la cumbre está la identificación de nuevas prioridades y la renovación de la Cooperación Iberoamericana. Se pretende dar más espacio al diálogo privado entre los gobernantes, variante introducida hace pocos años y que en la actualidad se denomina “retiro”, de unas tres horas de duración, en la que los jefes de Estado y Gobierno debaten a solas temas que les preocupan y que pueden proponer sin agenda previa.
Los gobernantes no se pusieron de acuerdo para la creación de un Fondo de Cooperación, que se pretendía abrir a las aportaciones del sector privado.
Según fuentes de la organización de la cumbre, no se ha aprobado tanto por el Fondo en sí, como por las diferencias en torno a su funcionamiento.
El presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, propuso que los cancilleres de cara a la próxima cumbre de Veracruz (México), que será la última de carácter anual, elaboren un plan de integración de esos organismos, que incluyen a las organizaciones que se centran en la educación, seguridad social, juventud y justicia (OEI, OISS, OIJ y COMJIB).
Los cambios han quedado plasmados en tres documentos: La Declaración de Panamá, un Plan de Acción, y la Resolución sobre la Renovación de la Conferencia Iberoamericana y catorce comunicados.
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