Desde la memoria

Mercedes Gordillo

Desde la memoria, es un artículo que escogí escribir y leer para analizar la importancia de la memoria en la escritura, durante un taller literario organizado por la Asociación Nicaragüense de Escritoras (Anide), el pasado 5 de octubre del corriente año, en Managua, mi ciudad en la memoria.

Es indudable que la memoria juega un papel determinante a la hora de empezar a escribir, ya sea que se trate de un relato de ficción que aparentemente no delate su presencia. A veces es sutil, lejana, otra muy profunda, pero siempre estará presente a la hora de tomar papel y lápiz o aún frente a una computadora, no importa cuál sea el tema a tratar.

Y no me refiero a la facilidad de algunas personas en recordar: fechas, nombres, números de teléfonos, lecciones aprendidas al “tubo” como se dice aquí, etc. Sino en aclarar: que la memoria realmente no consiste en viajar del presente al pasado, sino, por el contrario en traer el pasado al presente.

Existe la memoria voluntaria y la involuntaria, la voluntaria es el recuerdo que fácilmente puedo traer al pensamiento sin ninguna dificultad. La involuntaria es algún recuerdo olvidado o dormido que aparece de pronto como un chispazo, “es navegante en la memoria de los seres humanos” decía nada menos que Marcel Proust (1871-1922), el gran escritor francés autor de uno de los libros más famosos del siglo XX y de todos los tiempos: A la búsqueda del tiempo perdido, reconocido en literatura como un triunfo de la memoria minuciosa.

Hay tantas clases de memorias: la visual o fotográfica que nunca olvida una cara, un gesto, los políticos procuran no olvidar ningún nombre por conveniencia. Memoria vitalicia que puede durar casi toda la vida. Memoria histórica. La auditiva que revive tantas cosas con solo escuchar una melodía, una canción, un ritmo o un instrumento musical. La olfativa: un perfume evoca todo un mundo. La memoria selectiva que escoge solamente lo que quiere recordar. La táctil: un roce, una caricia. La memoria que reconoce un objeto sin verlo, solamente por tocarlo; siente el calor del fuego y el frío del hielo con los ojos cerrados. La memoria sexual que jamás olvida las primeras sensaciones. Según investigaciones del catedrático norteamericano Stephen Evans (Universidad de Baylor, Texas, EE. UU.), ya está comprobado que existe la memoria en el feto, el recién nacido es capaz de recordar la música que oyó antes de salir del vientre, música que inmediatamente lo tranquiliza, así como la preferida de su madre induce al niño a manifestarse de distintas maneras.

También existen diferentes emociones y sentimientos que invocan memorias conmovedoras que inevitablemente conducen a la escritura: la añoranza, nostalgia o cabanga como se le llama popularmente a la pérdida de la patria por ejemplo. En este sentido me parece oportuno y esencial mencionar a otro de los grandes escritores del siglo XX, James Joyce (1882-1922), el irlandés que jamás pudo olvidar su Dublín natal, a pesar de vivir lejos gran parte de su vida, de viajar y residir en distintos países, ocasionalmente retornaba a la ciudad amada de su infancia, escribió una espléndida colección de cuentos reunidos en el libro Dublineses con distintos temas que reviven memorables emociones entre otros textos inolvidables.

En la literatura latinoamericana la memoria sintetiza la biografía física y espiritual del escritor, según afirma Carlos Fuentes (1928 -2012) en su libro: La nueva novela hispanoamericana. Ya no digamos Cien años de soledad de García Márquez (1928). Como es muy sabido, su extraordinaria ficción se desata desde la memoria de Macondo y Mario Vargas Llosa (1936), ambos famosos Nobel escriben parte de nuestra historia por la verdad y recuerdo, o sea por sus memorias en Colombia y Perú.

Para terminar este escrito quiero mencionar mi propia y modesta experiencia como “escritora tardía”. En un momento importante y triste de mi vida como autoexiliada, creí haber perdido a mi país para siempre. A pesar de no poseer el don de la escritura, se posesionó de mí una necesidad obsesiva por rescatar a mi Managua, la ciudad perdida por el terremoto. Empecé a escribir cuentos, memorias desde niña, memorias de mi madre, mis abuelos, algunas tan antiguas que parecen ficción y otras de pura ficción, porque a veces amigas escritoras, la memoria también flaquea, inventa cosas. La autora es escritora nicaragüense.

Opinión Anide escritura archivo
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