Luis Enrique Rodríguez
Nuestras autoridades de salud están alarmadas por las epidemias que constantemente asuelan a nuestro país. Sin embargo existe una epidemia silenciosa, que está dejando numerosas víctimas y nadie dice nada, es invisible al ojo humano, pero está afectando a la presente generación y a la próxima.
Esta epidemia no la produce el mosquito, ni las ratas, sino el egoísmo del corazón de los seres humanos, y es el divorcio. Nunca sale ilesa la familia que vive esta traumática separación, aun cuando esta sea “amistosa”, los daños son evidentes en el corazón de quienes la viven.
Si observamos las causas pueden ser diversas: 1-. La falsa sensación de libertad. 2.- La comodidad. 3.- No pensar en las consecuencias del futuro. 4.- Centrarse en el placer momentáneo. 5.- Falta de respeto a Dios y de amor al prójimo. 6.- El egoísmo.
Las consecuencias de esta epidemia son graves e innegables. Estudios recientes han demostrado que sus consecuencias se prolongan en el tiempo y no son tratables fácilmente. A los hijos de divorciados les va peor que a aquellos que viven con ambos padres. Esta parece una verdad sabida, sin embargo no nos detiene para evitar el divorcio. Los hijos que viven con un solo padre tienen una tendencia seis veces mayor de vivir en la pobreza o bien permanecer más tiempo en ella.
El Centro Nacional de Estadísticas para la Salud de los Estados Unidos descubrió que los niños que viven con un solo padre tienen hasta tres veces más posibilidades de tener problemas emocionales, de comportamiento e ira, que aquellos que viven con sus dos padres.
Las jóvenes que viven con un solo progenitor tienen una tendencia mayor a salir embarazadas y son más proclives a abandonar los estudios. Comparados con los hogares donde están los dos padres, los hijos que crecen en hogares donde solo hay un progenitor, tienen el doble de riesgo de ser abusados sexualmente. La lista de daños y consecuencias dolorosas es grande y continúa, sin embargo no es suficiente para detener esta epidemia que crece cada día.
Los que crecen con una madrastra, o bien con un padrastro grosero, experimentan mayor dificultad para ser felices en dos áreas de la vida: el trabajo y el matrimonio. Las investigaciones demuestran que los hijos que provienen de familias rotas tienen dificultades para formar una familia estable, mantener un empleo fijo o tener relaciones íntimas duraderas.
Dios que conoce las consecuencias del divorcio expresa de manera clara su repudio al mismo. Él dice en el libro de Malaquías… “aborrezco el divorcio” (Malaquías 2:16) y lo hace en virtud de que el divorcio atenta contra la familia que Él ama y atenta contra los propósitos que Dios ha fijado a la misma: ser una escuela de amor, de fe y de unidad.
¿Cómo puede un padre o una madre decir que ama a sus hijos y al mismo tiempo los condena a las consecuencias terribles del abandono, del divorcio? ¿Cómo puede una persona que se dice cristiana hacer algo que Dios aborrece y condena?
Sé que en muchos matrimonios las cosas no son fáciles. Mi esposa tampoco la tuvo fácil conmigo, pero el divorcio no es la solución; la oportunidad que dimos, Jesús en nuestra vida y familia cambió nuestra historia y puede cambiar la suya.
El Señor dice que cada vez que le abrimos el corazón a Él, a su amor y su presencia, nuestras vidas cambian para ser mejores. En Juan 10:10, nos promete una vida abundante y nos dice que el enemigo de nosotros quiere destruirnos, robarnos y matarnos y eso es justamente lo que hace el divorcio en la familia.
Usted tiene una opción, la decisión es suya, o toma la vida y la bendición que Dios le ofrece, o toma decisiones de muerte y maldición para su familia.
Recuerde que lo que usted siembra hoy en su familia, lo cosechará mañana. Por eso los animo a que tome la vida y vivirá usted y su descendencia, así lo asegura Dios en Deuteronomio 30.19.
Pelee por su familia, no se acomode, no piense solo en usted, el amor exige compromiso y sacrificios, vea la cruz y dígame si no es cierto. Deje la comodidad y pague un precio por construir, en lugar de pagar un costo por desbaratar lo que cuesta tanto: su cónyuge, sus hijos, su familia.
Que Dios le bendiga. El autor es líder del Ministerio de Restauración Matrimonial Unidos Por Siempre.
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