Azul, el libro primigenio

Conmemorar los 125 años de la aparición de la editio princeps de Azul ofrece la oportunidad de señalar la trascendencia que este libro tiene en el conjunto de la obra dariana.

Conmemorar los 125 años de la aparición de la editio princeps de Azul ofrece la oportunidad de señalar la trascendencia que este libro tiene en el conjunto de la obra dariana.

Azul …, como lo ha advertido la crítica, es la puerta de entrada de Hispanoamérica en la Modernidad. Dejemos que sea el propio Rubén quien nos señale, en su breve Historia de mis libros (1913) la importancia de Azul… en el movimiento de renovación literaria que él encabezó.

Para Darío Azul… es una obra que contiene la flor de su juventud y que “exterioriza la íntima poesía de las primeras ilusiones y que está impregnada de amor al arte y de amor al amor”. Fue el libro —sigue Darío—, que “iniciara el movimiento mental que había de tener después tantas triunfantes consecuencias”…

La primera edición de Azul… se publicó en Valparaíso, Chile, en la imprenta y litografía Excélsior en 1888. Para costear la edición, sus entrañables amigos chilenos, Eduardo Poirier y Eduardo de la Barra, hicieron una suscripción entre sus amistades. El libro comprendía tres secciones: la primera compuesta de nueve cuentos; la segunda, intitulada En Chile incluye Álbum porteño y Álbum santiagués , con seis descripciones o cuadros en prosa de paisajes chilenos; y la tercera seis poemas bajo el título El Año Lírico.

EN CHILE

Cuando se publica Azul… en Valparaíso, Rubén tenía apenas 21 años. Había llegado a Chile en 1886, a los 19 años de edad, tras sufrir en su país natal “la mayor desilusión que pueda sentir un hombre enamorado”, como nos revela en su Autobiografía.

Chile se encontraba, en ese entonces, en una etapa de gran crecimiento económico gracias al auge de la minería y el comercio, lo que había generado una mentalidad mercantil y burguesa en la alta sociedad chilena, pero con gusto por la literatura y los refinamientos. La ciudad de Santiago, comparada con León o Managua era para Darío una gran ciudad, con ambiciones cosmopolitas.

[doap_box title=»Un crítico» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
En Darío, nada es improvisado. Toda decisión estética es parte de su gran proyecto literario de renovar la lengua y la literatura en español. Fidel Coloma sostiene, y con razón, que Darío fue “un artista crítico y un crítico artista”. Azul… fue, el punto de arranque de lo que Darío llegaría a significar en la literatura escrita en español.

Más tarde, con Prosas profanas, Cantos de vida y esperanza, El canto errante y el Poema del otoño, Rubén daría al idioma español uno de los aportes más originales y valiosos, al punto que Jaime Torres Bodet rotundamente afirma: “Desde Góngora, nadie ha descubierto, en nuestro idioma, el sortilegio de ciertos vocablos, como Darío lo hizo en horas cimeras de su creación”.

[/doap_box][doap_box title=»Sobre la crítica de Valera» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

Sobre la crítica positiva de Juan Valera, Darío valora que “Valera vio mucho, expresó su sorpresa y entusiasmo; pero no se dio cuenta de la trascendencia de mi iniciativa”. De Azul… derivó, según Darío, “toda nuestra futura revolución intelectual”. Valera reconoció que Azul… estaba escrito “en muy buen castellano”, aunque su espíritu era “completamente francés”. Y le dice a Darío que nadie antes en España estuvo “tan compenetrado del espíritu francés como usted”. “Cierto, dice Darío, “un soplo de París animaba mi esfuerzo de entonces”. Pero, también Valera reconoció que Azul… revelaba “un gran conocimiento y amor por las literaturas clásicas”.

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Rubén reside primero en Valparaíso y sobrevive de artículos que envía a los diarios. Lee mucho en la biblioteca de Eduardo de la Barra, el futuro prologuista de Azul . Permanece dos meses en Valparaíso y en agosto se traslada a Santiago, hasta febrero de 1887. Trabaja en el periódico La Época, de Eduardo McClure, en el que publica la mayoría de los cuentos que luego incluirá en Azul… . En Valparaíso y Santiago, Rubén tiene su primer encuentro con la “modernidad”, con el lujo material y las mercancías provenientes de países lejanos (“las japonerías y chinerías”, como dirá más tarde).

El mundo exótico de Azul… no es artificioso, como sostienen algunos críticos. Proviene del contacto de Darío con el lujo y el gusto exquisito de sus amistades chilenas, principalmente Pedro Balmaceda Toro, hijo del presidente de Chile, José Manuel Balmaceda (1886-1891). El lenguaje de Azul… y el mundo de Azul… se convierten —sostienen algunos críticos—, en una transfiguración de la persona de su autor, de su identidad personal, puesta en contacto con un ambiente que él no había conocido antes ni en Nicaragua ni en El Salvador.

EL ORIGEN DEL TÍTULO

¿Cuál es el origen del título del libro? ¿Por qué Azul? “L’art c’est l’azur”, es una frase de Víctor Hugo que sirve de epígrafe al prólogo de De la Barra. Más tarde, Darío dirá, en Historia de mis libros (1913), que esa frase él no la conocía cuando tomó la decisión, pero sí la había visto en otros autores franceses. “El azul era para mí, nos dice, el color del ensueño, el color del arte, un color helénico y homérico, color oceánico y firmamental”… “Concentré en ese color célico la floración espiritual de mi primavera artística”.

¿Cómo fue recibido Azul en Chile? No fue un éxito de ventas. La prensa chilena lo trató con cierta indiferencia, hasta la publicación de las famosas cartas de don Juan Valera, dadas a conocer en El Imparcial de Madrid. Valera era en ese entonces el más respetado crítico literario de España. Las dos extensas cartas de don Juan Valera, con su crítica consagratoria sobre Azul…, fueron publicadas en El Imparcial de Madrid los días 22 y 29 de octubre de 1888. Más tarde, fueron recogidas en un tomo de sus Cartas Americanas.

En Chile, el periódico La Época, donde colaboraba Darío y generalmente publicaba las cartas de Valera, no publicó las dirigidas a Darío, lo que motivó un amargo comentario de Darío. Finalmente, las reprodujo, en enero de 1889 La Tribuna, un mes antes de la partida de Darío de regreso a Nicaragua.

Conseguir una crítica elogiosa de Juan Valera suponía “alcanzar la gloria de un solo golpe”, afirma Alberto Ghiraldo, compilador de unas Obras Completas de Darío. Para Darío, desde entonces, fueron sus mejores cartas de presentación ante el mundo literario de España e Hispanoamérica. Fue el espaldarazo definitivo y autorizado que necesitaba y su primera proyección internacional. La edición, que se venía vendiendo muy lentamente en Chile, pronto se agotó.

LA SEGUNDA EDICIÓN

La segunda edición de Azul… se publicó en Guatemala, en octubre de 1890, en la imprenta La Unión. He aquí las diferencias con la primera edición: Desaparece la dedicatoria “Al Sr. D. Federico Varela” y del texto que la acompañaba. Es sustituida por otra: “Al Sr. D. Francisco Lainfiesta / Afecto y gratitud / R.D.”. Reproduce las dos cartas de Juan Valera, antecediendo al prólogo de Eduardo de la Barra, que se mantiene. Será suprimido en subsiguientes ediciones. Se inserta el cuento El sátiro sordo entre El Rey Burgués y La Ninfa. Se incorporan otro cuentos: La muerte de la emperatriz de la China , y una romanza en prosa: A una estrella , después de las descripciones de En Chile y antes de la sección en verso, que comienza con El Año Lírico. En la sección en verso, se incluyen A un poeta , entre Pensamiento de otoño y Anagke . Se agregan: Sonetos áureos, Medallones, Echos y las Notas del propio autor.

Darío aspiraba, con esta segunda edición, tan enriquecida, a que se le reconociera, ya sin discusión, como el jefe de la nueva corriente literaria: el Modernismo. Los nuevos cuentos siguieron el mismo estilo de los anteriores. Donde Darío innova en la segunda edición es en los versos, con diferencias cualitativas importantes. Los Medallones, los Sonetos áureos y A un poeta, revelan un versificador distinto, menos castizo que el de El Año Lírico.

Así Rubén probaba que su capacidad renovadora no se limitaba a la prosa. La segunda edición de Azul…, para Rubén, debía trazar una línea de separación más clara con toda la literatura española anterior y consagrarle como el artífice de esa ruptura.

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