Rolando Castellón expondrá sus dibujos y pintura, el próximo 31 octubre, a las 4:00 p.m., en el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica en la UCA.

El alquimista Rolando

Rolando Castellón, artista visual y poeta de lo insólito, es el más invisible de todos los artistas nicaragüenses. Nacido en Nicaragua, donde vivió varios años, transita de un lado a otro (Costa Rica, San Francisco, Japón, Alemania, Italia, España…), para retornar nuevamente a sus orígenes.

Rolando Castellón, artista visual y poeta de lo insólito, es el más invisible de todos los artistas nicaragüenses. Nacido en Nicaragua, donde vivió varios años, transita de un lado a otro (Costa Rica, San Francisco, Japón, Alemania, Italia, España…), para retornar nuevamente a sus orígenes.

Personaje elusivo y solitario, que rehúsa ser fotografiado, trabaja calladamente y tiene una obra tan extensa como extraordinaria, que abarca más de cuatro décadas.

Sus cambios de nombre evidencian el mismo carácter huidizo y cambiante: desde Rolando Castellón Alegría, su nombre real, hasta otros alias como Crus Alegría y Moyo Coyatzin, sin que logremos saber con cuáles se siente más identificado.

35 AÑOS DESPUÉS

Desde 1977 no tuvo ninguna exposición individual en Nicaragua y solo participó de manera esporádica en muestras colectivas. Ahora, 35 años después, tenemos su obra en tres lugares diferentes, para dar fe de que el artista existe y que, en parte, es un acto de justicia dar a conocer un arte tan notable y tan elocuente como variado.

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Rolando Castellón también indaga sobre las culturas desaparecidas y el mundo prehispánico: en sus trabajos retoma las incisiones que recuerdan las antiguas pictografías mayas e incorpora el barro y la arcilla de los alfareros, estableciendo un vínculo entre el presente y el pasado para crear nuevos mitos.

Él sabe perfectamente que los objetos reconstruidos y encontrados, las semillas, las espinas, las ramas o los documentos de cualquier tipo, sirven para reconstruir una historia o unas situaciones existenciales, rescatadas de entre las brumas del recuerdo, y también sabe que cuando algo muere o se destruye, es para que otras cosas y otros seres vivan y crezcan, continuando procesos inacabables.

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Su obra se mueve entre el neodadaísmo y el “arte povera”, caracterizado por el uso de materiales pobres y objetos considerados tradicionalmente como antiestéticos: alambres retorcidos, resortes, baratijas, objetos encontrados o producidos industrialmente, que incorpora a soportes igualmente humildes: cartones, papel arrugado, telas recicladas… Estos materiales, que no están considerados como artísticos sino más bien de reciclaje o desecho, sufren también un proceso de transmutación, como sucede con la alquimia.

LOS COLLAGES

Como un auténtico alquimista, transforma en verdaderas obras de arte los collages más insólitos: semillas sobre hojas de cuaderno o las espinas como obra matérica, formando un todo. Lo mismo ocurre en sus series de “Hojas sueltas”, utilizando como soporte las páginas impresas de periódicos que llena de dibujos oníricos y fantásticos, los collages de facturas comerciales e, incluso, hasta la hoja de un “income tax return” (declaración de impuestos).

Su meta se centra en la revaloración de todo aquello que, con frecuencia, se considera desechable para transmutarlo en algo distinto, como la obra “Joyas de pobre” con la que participó en la 54 Bienal de Venecia en el año 2011. Los materiales más humildes han perdido su significado original para transformarse en valiosas “joyas”, mediante la voluntad estética del artista, quien actúa como una suerte de demiurgo, es decir, como artífice, constructor y creador que confiere vida a lo inanimado.

En la década de 1970, Rolando Castellón ya había demostrado que era un corredor de fondo, capaz de seguir ahondando con rigor en toda clase de técnicas y de materiales. Los dibujos de esta época son de una maestría inigualable: miles de líneas se entrecruzan para configurar desde rostros, seres humanos y plantas, hasta abstracciones, mitologías prehispánicas, cruces y cortezas de árbol. Su colorido es parco, empleando tonalidades sepias, grises o simplemente negras.

La serie de los “Folds”, papel doblado y coloreado con pintura acrílica, formando diferentes figuras geométricas, es testigo de esta etapa singular.

El título “Folds”, en español “Dobleces” o “Pliegues”, es un término que cobija diferentes obras del pintor realizadas desde 1970, como si estas constituyeran una serie y como si fueran partes de una sola obra, o bien, como si hubiera sido habitual en él pintar series de emociones hasta su agotamiento.

El colorido es siempre austero, pero radiante en sus tonalidades, con predominio de los tonos negros, azulados y violetas o la gama de los ocres y los sienas, que se entrecruzan hasta el infinito, complementando otro diseño lineal junto a los relieves geométricos de los pliegues o dobleces. Es, probablemente, la obra más pictoricista y contundente.

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