CARLOS R. FLORES (*)
Una constante en los cursos de mejoramiento de conductores empresariales ha sido la gran cantidad de situaciones riesgosas y actos inseguros, que son provocados por factores personales, administrativos y culturales, los cuales son precursores de accidentes fatales. Veamos algunos:
• Inexistencia de reglas cardinales de conducción.
• Falta de directrices claras sobre el cumplimiento de las normas de seguridad.
• Ausencia de políticas establecidas sobre horas máximas de manejo (fatiga).
• Falta de procedimientos sobre investigación de accidentes.
• Carencia de un programa de capacitación en seguridad vehicular para personal nuevo.
• Insuficiencia de chequeos presalida del vehículo.
• Falta de un método técnico específico de mejoramiento de conductores.
• Ausencia de auditorías internas de conducción segura.
• Inexistencia de política sobre uso de celular al conducir.
• Falta de requerimientos mínimos de Seguridad para la compra de vehículos.
• No existencia de Política prohibitiva de Alcohol y Drogas.
Lo más sorprendente es que algunas situaciones peligrosas promovidas administrativamente son tan comunes que hasta pasan desapercibidas, hasta que ocurre un accidente trágico.
La mayoría del personal está consciente que hay peligros inherentes a la conducción con distractores, pero aún así, se siguen ejecutando estas prácticas estimuladas/toleradas por la administración de las empresas.
Por ejemplo, fue sorprendente que algunas personas no solamente aceptaron realizar este tipo de conductas, sino que admitieron que las llevan a niveles casi-artísticos, sino fuese por su altísima peligrosidad: “Señor instructor, yo no solamente chateo al conducir, sino que a veces hasta voy bajando canciones del internet”, manifestaba una joven conductora de una empresa ante la mirada estupefacta de la audiencia.
Debido a una inveterada cultura de tolerancia máxima por parte de empresas que tienen flotas vehiculares de ventas, distribución, cobros, gestiones, como por irresponsabilidad personal del conductor quien realiza acciones muy peligrosas, es por lo que ocurren terribles accidentes viales. Es aquí en donde surge la necesidad –entre otras medidas – de desarrollar un manual de seguridad vehicular interno, en donde estén consignadas las políticas, procedimientos, guías y sanciones.
Debe incluirse en dicho documento las conductas esperadas y las prácticas prohibidas para que las responsabilidades estén claramente definidas, previniendo que nadie aumente arbitrariamente el vector de riesgo de quien conduce un vehículo en gestiones de negocio para una empresa.
Experimentamos un brutal incremento en la cantidad y severidad de accidentes vehiculares y uno de los generadores principales es la ausencia de mecanismos de auto-regulación dentro de las empresas, las cuales por norma legal tienen la obligación de establecer pautas, controles, verificaciones y mediciones de desempeño para promover las conductas seguras y evitar accidentes en todos los procesos del negocio.
Aquí el punto no es solamente tener en claro que es una obligación empresarial ineludible el establecer un marco de trabajo para mejorar continuamente el desempeño de seguridad vehicular, sino que es también una responsabilidad primordial de quien conduce, quien en última instancia, debe ser el principal interesado. Cumplamos con la ley.
(*) Consultor en Seguridad Industrial