Berlín/EFE
Un ejemplo particular de esta experiencia es Haití, en cuyo departamento del noroeste se han llevado a cabo desde 2000 a 2011 veintiún proyectos para reforzar la capacidad de la comunidad en momentos de crisis y que han dado buenos resultados, a pesar de las catástrofes naturales que ha tenido que afrontar el país.
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Cincuenta y seis países están en una situación “grave” o “muy grave” por sus insuficiencias alimentarias, encabezados por Eritrea, Burundi y Comores, según el Índice Global del Hambre de 2013, presentado ayer en Berlín.
El Índice Mundial del Hambre, que cumple este año su octava edición, es resultado del trabajo conjunto del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI) estadounidense, y las ONG Concern Worldwide irlandesa y Welthungerhilfe alemana.
Los conflictos armados, las catástrofes naturales y los elevados precios de los alimentos son las principales causas que afectan a la situación alimentaria mundial, denunció Brbel Dickamnn, presidenta de Welthungerhilfe al hacer público su informe anual.
En rueda de prensa, Dickmann explicó que, a pesar de que el nivel de población subalimentada ha decrecido desde 1990, aún quedan retos que afrontar antes de alcanzar el objetivo de hambre cero a nivel mundial.
Tras Eritrea, Burundi y Comores, en situación extrema, la lista de los dieciséis países con problemas “muy graves” la componen Timor Orienta, Sudán, Chad, Yemen, Etiopía, Madagascar, Zambia, Haití, República Centroafricana, Sierra Leona, Burkina Faso, Mozambique, India, Tanzania, República del Congo y Níger.
Otros treinta y siete sufren una carencia alimentaria “grave”, grupo en el que aparecen Guatemala y Bolivia.
Para la realización del informe se han tenido en cuenta tres parámetros: el porcentaje de personas infralimentadas, el porcentaje de niños por debajo de 5 años que sufren carencias alimenticias y la tasa de mortalidad infantil también por debajo del lustro de vida.
La FAO publicó en 2012 que 870 millones de personas sufren una situación de subalimentación crónica. El sudeste asiático y el África al sur del desierto del Sahara son los que presentan los peores datos.
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