AFP/EFE
La paquistaní Malala Yusufzai, que fue distinguida con el premio Sájarov de Libertad de Conciencia, es a sus 16 años un icono global en la defensa de la educación femenina después de casi pagar con la vida su apoyo a la causa, pero este ascenso contrasta con la frialdad con la que es vista en su país.
Galardonada por el Parlamento Europeo, su nombre saltó a la palestra al saberse que ella era la niña que escribió un blog en la web de la televisión pública británica bajo el seudónimo de Gul Makai durante la dominación talibán del valle del Swat, en el norte de Pakistán, entre los años 2008 y 2009.
Fue en esa época cuando muchos niños, y sobre todo muchas niñas, se quedaron sin escuelas por la prohibición de los talibanes y por los intensos combates que duraron casi medio año.
Eso catapultó su fama en Pakistán y le dio cierta notoriedad internacional, en parte por el impulso de su padre, propietario de una escuela en Mingora, principal ciudad del valle.
La niña hizo una encendida defensa del derecho de las niñas a ir a la escuela y explicó cómo, a pesar de las prohibiciones de los talibanes en su región, ella y otras niñas burlaban los obstáculos y seguían asistiendo a clase gracias al valor de algunas maestras.
“Para los 400 millones de niños que aún viven en la extrema pobreza, incluyendo los muchos niños y niñas que no asisten a la escuela, Malala es un poderoso símbolo de esperanza”, dijo el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim.