Luis Eduardo Martínez M.
Llegaron de diferentes lugares del país y marcharon en la ciudad de Matagalpa, diciendo “no a la minería” en el municipio matagalpino de Rancho Grande, donde la canadiense B2Gold busca el permiso social para explotar el llamado proyecto minero Pavón.
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Marvin César López Montoya, de la comunidad Kiwaska en Rancho Grande, dice que la actividad minera a cielo abierto provocaría contaminación en las aguas y “nuestras familias y nuestros animales se van a morir”.
Sin embargo, líderes de 18 comunidades de ese municipio están convencidos de que la minería moderna es social y ambientalmente responsable, por lo que respaldan el establecimiento de B2Gold.
Ramiro Moreno, líder de la comunidad Las Brisas, sostiene que han hecho encuestas según las cuales, el noventa por ciento de los pobladores respaldan la minería, pero López y el sacerdote Pablo Espinoza, párroco de Rancho Grande, coinciden al apuntar que también han hecho consultas en las que el mismo porcentaje de la gente se opone a las actividades mineras.
“Quisiéramos ser aliados de la Iglesia católica”, dijo Martín Esparza, gerente de B2Gold Mina El Limón, exhortando a la Iglesia católica a conocer de cerca la minería moderna que implementan.
Pero el sacerdote Espinoza dice que la posición eclesiástica es negarse a platicar con la empresa minera para evitar posibles manipulaciones.
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