Wendy Álvarez Hidalgo
Nicaragua cerrará el año con un crecimiento inferior al cuatro por ciento, pronosticó ayer el Banco Mundial (BM) en su informe denominado “La desaceleración de América Latina y el tipo de cambio como amortiguador”, donde advierte que los países con economías altamente dolarizadas tienen menor capacidad de maniobra frente a la crisis mundial.
La región, añade, “necesitará enfocarse en mejorar la productividad para asegurar un crecimiento sólido ahora que los vientos a favor se debilitan. Hacerlo requerirá corregir déficits estructurales, como aquellos existentes en la infraestructura o la educación”.
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Augusto de la Torre, economista en Jefe para América Latina y el Caribe del BM, alertó ayer a América Latina sobre el fin de los vientos favorables para la región y las consecuencias “desastrosas” que tendría para la economía mundial si Estados Unidos no logra elevar el techo de su deuda antes del 17 de octubre. De la Torre, no obstante, se mostró confiado en que la primera economía del mundo podrá superar la actual crisis presupuestaria.
Y aunque en el BM destaca que en la última década varios países latinoamericanos han avanzado en la desdolarización de sus economías, admite que los países centroamericanos, entre estos Nicaragua, y caribeños son muy pequeños para desarrollar una política monetaria independiente, lo que le resta capacidad de maniobra.
De la Torre dice que los países que han logrado avanzar en la desdolarización de sus economías, hoy por hoy usen sus políticas cambiarias como un amortiguador frente a la crisis financiera mundial. “Si se analiza la capacidad de las economías regionales de sobrellevar los efectos de un entorno internacional menos favorable, uno se da cuenta que los días en que depreciar la moneda terminaba en desastre son prácticamente cosa del pasado”, dijo el alto cargo del organismo financiero mundial a través de una videoconferencia desde Washington.
“América Latina ha construido un sistema inmunológico macroeconómico financiero mucho más robusto que el que teníamos en los años noventa. Se han ido eliminando o reduciendo las razones por las que teníamos miedo a la depreciación cambiaria”, enfatiza.
Y añade: “Las monedas depreciadas no solo reducen el costo de las exportaciones, también elevan el costo de las importaciones, haciendo que las industrias domésticas y de exportación se vuelvan más competitivas, generando más puestos de trabajo”.
Entre las ventajas que permite a un país contar con una política monetaria flexible, de la Torre menciona que se puede lograr un balance del comercio externo, estimular el Producto Interno Bruto (PIB) y generar mayor empleo mediante un incremento en la producción local para el mercado externo y doméstico.
Además, la depreciación monetaria ayuda a mitigar la salida de capitales, frenar la especulación y aumentar el atractivo de los activos locales con respecto de los activos foráneos.
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