Después de mostrar mucha energía, pasión y un fuego competitivo que arrasó a los luchadores Rays de Tampa, los Medias Rojas de Boston se han colocado a solo cuatro victorias de la Serie Mundial.
¿Y no es este el equipo que fue último hace un año? Sí lo es. Es más, las noticias sobre ellos eran de una división en el clubhouse, el colapso sufrido en septiembre y el consumo de cervezas y pollo frito mientras el barco se hundía.
Este equipo saltó de 69 victorias en 2012, a 97 ahora. Y salvo unas pocas variantes, la base es la misma, sin embargo la actitud es diferente. Salieron de algunos jugadores estrellas y contrataron jugadores de equipo. Eso fue clave.
¿Entre Adrián González o Mike Napoli para la inicial, a quién toma usted? Boston optó por Napoli, más que por sus cifras, por su impacto en el vestuario. Lo mismo pasó con Johnny Gomes, en vez de Carl Crawford, entre otros.
“Té puedes tener buenos peloteros, pero tener un mal equipo”, me dijo Ozzie Guillén, en el 2006, un año después de ganar la Serie Mundial, optando por Scott Podsednik en lugar de Frank Thomas en aquel plantel.
Pero Boston es también mucho talento. Y sobre todo picheo. Jon Lester, John Lacky, Clay Buchholz y Jake Peavy forman una sólida rotación, que se codea con la de los Dodgers o los Tigres. Más un bullpen enérgico. Y es otra clave en este conjunto.
Los Medias Rojas son también el equipo de Dustin Pedroia y su energía en el campo, y de David Ortiz y su liderazgo basada en el poder y el carisma, con un mánager que sin hablar tanto como Valentine, unió al grupo.
Este Boston de John Farrell ganó el boleto a la Serie de Campeonato, pero sobre todo ha ganado respeto.
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