Caminaba Dios en las ondulaciones de la Nada cuando de pronto se le ocurrió que debía inventar algo para entretenerse, entonces creó una pelotita de materia, pero no le satisfizo; la hizo un poco más grande hasta que adquirió el tamaño idóneo para cargarla sin molestias.
A Dios le gustaba jugar con la pelota mientras pensaba en su identidad y en la inconmensurable soledad de su Ser, lanzaba la pelota muy alto y la venía venir por cualquier lado, ocasionándole bastante placer y emoción. Sin embargo a veces se aburría y ponía la pelota de materia a reposar.
Fue entonces cuando se le ocurrió patearla con fuerza. Dios retrocedió quince pasos, quedó viendo fijamente la pelota para no errar en el tiro y corrió hacia ella con frenesí. El golpe fue tan fuerte, tan fuerte, que la pelota de materia explotó junto con Dios. A partir de ese momento toda la materia acumulada en la pelota empezó a expandirse a una velocidad increíble, creándose simultáneamente el Tiempo y el Espacio. Esa avasallante fuerza cósmica constituida por la materia y las partículas de Dios es todo lo que podemos ver, entender y suponer. Es así como el futbol participó en la creación del Universo.
Ver en la versión impresa las páginas: 6 B