Si nos disponemos a observar nuestras vidas del día a día, nos daremos cuenta de cuánto somos capaces de ser mejores, cuando nos lo proponemos.
Crecimiento personal es deleitarse en los avatares de la vida, las crisis que no son más que oportunidades para darnos paso al cambio, a mejorar, a estar más atentos para encontrar la sabiduría de la vida, la grandiosa y majestuosa presencia divina que Dios nos regala para poder gestar dentro de nosotros paz, alegría, sonreír aun cuando las adversidades nos indispongan a realizarlo.
La negación al cambio, con esa testarudez que muchas personas se acomodan expresando que “así soy y nadie me va a cambiar”, lógicamente va a crecer también, pero en su encierro en la negación de buscar y encontrar un camino más andante.
La inteligencia emocional nos enseña que somos gobernantes de un imperio indestructible, donde nadie puede entrar, como decía el gran luchador por la libertad de su pueblo, Mahatma Gandhi: “Nadie te arrebata tu paz, vos la entregas”.
Dichosos los que hemos podido comprender que los cambios están muy dentro de cada uno y no fuera, donde se encuentran angustias, tristezas, lamentos, negaciones, pobrezas de espíritu, de envidia, y un sinnúmero de malestares que calan solo y nada más en quienes prestan su oído para vivir en ese lamentable mundo tan mediocre.
Digamos todos que somos libres para amar, para crecer en espíritu, capaces de formar un mundo que se armonice con nuestras acciones, para compartirlas con todos los que están alrededor de nuestras vidas.
A todos los que me escriben muchas gracias, siempre a la orden. Aquí les dejo mi correo [email protected]
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