Roma/EFE
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El hangar del aeropuerto de Lampedusa es un enorme sudario que cubre los 111 ataúdes distribuidos en filas con los cadáveres de los inmigrantes que fallecieron en el naufragio de un viejo pesquero frente a las costas de Lampedusa.
Un responsable de los equipos de rescate explicó que pudieron comprobar cómo decenas de cuerpos están atrapados en el casco del barco, pero las malas condiciones del mar no les permitieron ayer sumergirse para rescatarlos.
El ministro italiano del Interior, Angelino Alfano, visitó la isla de Lampedusa, luego compareció ante el parlamento para dar los números de la mayor tragedia de la inmigración conocida en el Mediterráneo: “En la embarcación había más de 400 personas, se han salvado 155 vidas, y hasta ahora hay 111 víctimas mortales”.
Alfano abrió el debate comenzado tras el luto: “No será el último naufragio”. La cuestión es si Europa tiene intención de defender la frontera que ha diseñado con el Tratado Schengen”.
El papa Francisco, de visita en Asís, dijo que ayer era “un día de lágrimas” porque al mundo “no le importa si la gente debe huir de la esclavitud o del hambre buscando la libertad”.
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