Hjalmar Ruiz Tückler (*)
Uno de los sectores más críticos de las telecomunicaciones y que ha experimentado un fuerte crecimiento a nivel mundial en los últimos años es el mercado de los servicios móviles.
Desde el punto de vista regulatorio, se ha desarrollado con una baja intervención; sin embargo, su dinamismo ha planteado nuevos escenarios que obligan a realizar un análisis de la situación del mercado y de las propias redes, tomando en consideración aspectos tales como número de abonados, innovación tecnológica, tráfico de llamadas, precios, costos, desequilibrios fijo-móvil, rentabilidad, número de operadores, oferta de servicios: diversidad y capacidad de elección, grado de integración del mercado y tendencias.
En muchos países, las tendencias del sector están apuntaladas por claras políticas públicas que propician y promueven el despliegue de red e infraestructura y la implementación de servicios cada vez más accesibles a la población. En otros, la dinámica empresarial y del mercado ha superado las acciones regulatorias. En ambos casos es necesaria la adopción de un modelo de competencia dinamizado por la modernización de la regulación.
Desde luego, lo anterior implica el análisis profundo de los tres posibles escenarios:
1- El mantenimiento de la situación actual
2- El incremento de la competencia en red, mediante la concesión de nuevas licencias
3- La quiebra de la integración vertical del mercado.
Partiendo de que la regulación ha de sujetarse a los principios de intervención mínima, clara identificación de los objetivos, garantía de una competencia efectiva y perdurable y en el beneficio para los usuarios, los organismos regulatorios han considerado que el principal problema de los servicios móviles es la situación de competencia limitada, lo que constituye a su vez la causa principal no solo de los elevados niveles de precio (en comparación con la telefonía fija), sino también de los riesgos y consecuencias de un posible “oligopolio”.
Un segundo valor protegible es conseguir que en el entorno de convergencia fijo-móvil, el mercado global de los servicios de voz se desarrolle en un proceso en el que el número de agentes no quede excesivamente limitado. Estos dos valores deben ser compaginados con otros, como la viabilidad de un proceso de renovación tecnológica en competencia, la garantía de que no se produce un fraccionamiento social o territorial en los usuarios de las nuevas tecnologías móviles y que exista desde luego un atractivo para la inversión.
El primero de los escenarios se refiere a que se podría mantener la situación actual en la que se detecta la madurez del mercado de voz y el comienzo de un mercado nuevo basado en la conmutación de paquetes y en las nuevas aplicaciones de datos.
El segundo escenario se refiere al incremento de la competencia en red mediante la concesión de nuevas licencias. Es la opción que han elegido algunos gobiernos para introducir competencia. Entre las opciones analizadas, la que contiene mayores ventajas de competencia efectiva a largo plazo es la redistribución de las bandas de UMTS. Pero es la más costosa, compleja y difícil de implantar. Esta opción sería extraordinariamente viable si se armonizara la legislación regional para posibilitar el otorgamiento de licencias a nivel centroamericano.
En consonancia con el tercer escenario de quiebra de la integración vertical del mercado, algunos organismos reguladores estiman que la introducción de operadores “virtuales” significa quebrar la situación monolítica y vertical de prestación de servicios de los actuales operadores integrados. Sin embargo, este tipo de escenarios es abordable solo en grandes mercados y se descarta de entrada en el ámbito centroamericano, aún cuando se ha previsto en los tratados de libre comercio, entre ellos el DR-CAFTA.
(*) Consultor
Ver en la versión impresa las páginas: 3 C