Lucía Navas y Moisés Martínez
“Yo lo único que te puedo decir de ese caso es que, cuando estaba en una gira presidencial por Río San Juan, me llamó la atención una hermosa finca que se encontraba casi en frente de El Castillo. Cuando yo pregunté de quién era, el entonces alcalde me dijo que era de Arnoldo Alemán, y que por ahí pasaban las vaquillas que se compraban en Panamá con los fondos del programa financiado por Taiwán. Que ahí las vacas que iban a parir se quedaban y que cuando los terneros ya estaban grandes, pues se las llevaban. Lo más probable es que algunas de esas vaquillas quedaron por ahí, a lo mejor, quién sabe”, recordó Bolaños.
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Amigos y allegados de funcionarios públicos, y estos mismos, fueron los beneficiados con las mejores vaquillas y sementales del Programa de Repoblación y Mejoramiento Genético de la Ganadería que inició en 1999. Al pequeño y mediano ganadero se le entregaron animales “de no muy buena calidad”.
Estos son detalles que recuerda Álvaro Fiallos haber incluido en el informe de investigación del programa en 2007, cuando asumió la presidencia de la junta directiva del Instituto de Desarrollo Rural (IDR), cuando Daniel Ortega retoma el poder en el país.
Fiallos califica de “un relajo bien elaborado” lo que hicieron con el programa de renovación del hato nacional, porque asegura que la “falta de información e información incompleta” que dejaron los gobiernos de Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños no permitió conocer con certeza la suerte de 16,000 vaquillas.
Fiallos tiene frescas en la memoria las irregularidades encontradas en el programa de renovación ganadera por el cual la población seguirá pagando por los próximos veinte años un préstamo de 24 millones de dólares con un banco de China Taiwán.
“Se diseñó que, por lote, eran hasta 25 vaquillas (más un toro) por productor para que las cuidara y reprodujera. Pero se entregaron dos, tres, cuatro o cinco lotes a un solo ganadero muchas veces, o a funcionarios del Gobierno, o muy amigos del Gobierno”, afirma Fiallos.
Las cifras oficiales de 1999, cuando dirigía Eduardo Mena el IDR, fueron que se compraron 28,284 vaquillas y 1,681 sementales que fueron repartidos entre 2,100 personas.
Pero Fiallos (quien salió del IDR en 2009) dice que en el inventario que ordenó levantar “los números no nos daban para conocer el destino de 16,000 animales, por falta de información, por ocultamiento de información no solo en el IDR, sino también de los productores”.
Aunque Ramón Kontorovsky, presidente de la junta directiva del IDR en el gobierno de Bolaños, afirmó en 2007 que 12,840 vaquillas desaparecieron por motivo de destace y muerte.
Sin embargo, Fiallos explica que el diseño del programa era que por ganadero que recibiera un lote de vaquillas las iba a reproducir y pagar luego al IDR con diez terneras, para ser entregados a otros productores y así lograr la repoblación y mejoramiento genético del hato nacional.
Pero en algún momento —precisa Fiallos— el Gobierno (no precisa de qué año) autorizó que el ganadero pudiera vender esos animales y ahí comenzó el alboroto porque vendieron lo que no debían y no se consiguió repoblar como se planeó, y muchas veces el dinero de esa venta no se entregó al IDR.
SOBREVALORARON PRECIOS
Otra de las irregularidades fue que vaquillas que se compraron a 300 dólares por el IDR fueron entregadas a los productores valoradas en 500 dólares y “ese era el precio que el productor debía pagarle de vuelta al Gobierno”.
“Además, cuando tenían un lote de 200 animales en un corral, los funcionarios les avisaban a sus allegados (como amigos y otros funcionarios) y estos llegaban y escogían los mejores ejemplares”, afirma Fiallos.
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