Una vuelta en bici

Girándula de giros revueltos. Ruedas-lentes. Molientes molinos que giran con sus dos ruedas tercas. Aspas que tocan el suelo, avanzan hacia una relatividad desnuda y sin pechos. La bicicleta proclama un surco en el tiempo, se entromete en las aguas de una brisa atomizada, rompe el aire violenta de sí, fugaz de todo lo cierto: fugaces desiertos estos.

Ezequiel D´León

Rincón del malabarista

Girándula de giros revueltos. Ruedas-lentes. Molientes molinos que giran con sus dos ruedas tercas. Aspas que tocan el suelo, avanzan hacia una relatividad desnuda y sin pechos. La bicicleta proclama un surco en el tiempo, se entromete en las aguas de una brisa atomizada, rompe el aire violenta de sí, fugaz de todo lo cierto: fugaces desiertos estos.

¿Qué emociones se descubren entre risas? ¿Qué infancias renacen entre ruedas?

Cabra silvestre de montes llanos, la bici nos liberta de ciertas orfandades. Preparamos los cartuchos del esténcil como tiernos escudos defensivos y nos vamos. Pedaleamos al ritmo de la ciudad despierta que baila, como dice mi padre, en “el tic-tac del cuclo andante, siempre avante en la tortuante cinta”.

Pedaleamos casi como batiendo alas. Una pared aguarda para ser intervenida. Paramos. Spray en mano, cartulinas caladas afuera. Darling apunta y descarga la tintura negra. Nace una, nacen dos, cuatro, siete bicis pequeñitas brotan sobre los bloques grises. “Ando en bici”, grita ahora la pared con un musgo oscuro.

Un niño pasa montado en su cleta, traspasa la grada y, sin sospecharlo, nos enseña que hay un potencial de dimensión que arde. Instalamos entonces el movimiento de las bicicletitas negras que saltan cuadro por cuadro hacia la otra pared y caen de romplón en la grada. Ya estuvo. Guardamos las armas anónimas. Otra vez, nos vamos.

Masaya y su rol de sol redondo. De Países Bajos pasamos a San Miguel y de ahí a Santa Rosa. Santa Rosa es el barrio de las tamugas. Aparcamos cerca las bicis. Las dejamos en la baranda. Una es verde, otra es negra. Pareciera que todo está dicho en su diálogo metálico. Todo está también por decirse entre nosotras, entre ellas. El sol resbala sobre una Masaya que es rectangular como cocodrilo. Es hoy quizá la tarde más horizontal del planeta. Una vuelta nos contagia con su centrifugacidad latente.

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