Con un récord de cinco Copas del Mundo y la reputación de haber creado el “jogo bonito” en el futbol, Brasil debe tener pocas dificultades para atraer a los fanáticos al Mundial del próximo año.
Pero a nueve meses del puntapié inicial, el gigante sudamericano estudia cuál será el legado social del evento y busca un nuevo sentido al término “audiencia cautiva”.
Es un concepto que en el estado de Amazonas (norte) se está tomando de forma literal: la justicia estudia transformar el estadio de la capital Manaos en cárcel provisoria.
“Es una de las opciones que está sobre la mesa”, dicen las autoridades.
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