En el 2013, la felicidad de contar diez festivales de música es motivo de celebración. Reciente se inauguró en el Teatro Nacional Rubén Darío.
Un festival como una criatura magnificada por la disciplina, dispuesta en el ambiente expansivo que la fortalece a establecer efemérides.
Los países europeos donde se tuvo como cuna a la ópera, se pusieron en la zona del despegue y siguen en vuelo. El cumpleaños del compositor congratulado es suficiente motivo para darle jerarquía mundial a un festival como los de Mozart en Salzburgo
Veo al futuro con plácidos colores y con la ventilación que abren las puertas de la primavera. Entiendo la música clásica la que pasa ilesa ante la antigüedad. No la intuyo como la que se estaciona en un periodo, en el “antes y después” del barroco y el romanticismo .
Lo bello no se disuelve, se canta con cadencia de triunfo y por ello al X Festival de Música Clásica se han sumado artistas de la temporada de música coral para darnos a Mozart completo en su Misa de la coronación en do mayor.
Por ello artistas de otros países, de la región centroamericana, de Cuba, de México, de Suiza, la enriquecen con su participación.
La amplificación abraza a León, Jinotepe, Masaya. Se introduce en las iglesias, en el lar íntimo de cada diletante porque la música —leía en un filósofo— no solo es un lenguaje, una melodía: salpica el estado anímico.
La semilla está sembrada. Listos están los prospectos. Encendido el faro de una tradición. . .
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