Elízabeth Romero
“Si el Estado asumiera la responsabilidad de estos niños producto de violación, probablemente la justicia no se estaría negociando con los violadores. Y es lo que está pasando con muchas niñas y muchas adolescentes que se negocian las violaciones para mantener al nuevo (niño) que nace y esto no es posible”, dijo Flores.
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Una niña de once años, sordomuda, y con embarazo producto de una violación, es uno de los casos expuestos como ejemplo de riesgos, por el llamado Grupo Estratégico por la Despenalización del Aborto Terapéutico para insistir en la restitución de esa práctica médica.
Wendy Flores, funcionaria de ese grupo, manifestó que la niña tiene desnutrición y, debido al embarazo, ha sufrido depresión. Flores criticó que en este caso la madre de la niña es una doméstica, que no puede atender a la pequeña discapacitada. “Esta señora con costo tenía para mantener a sus cuatro hijas y ahora tiene que mantener a un quinto producto de violación”, manifestó Flores.
Ayer esa agrupación realizó el lanzamiento de la campaña “Aborto terapéutico, y vos ¿Qué pensás?”, que mantendrán en lo que resta de 2013 y 2014.
Eveling Flores, dijo que demandan que el aborto sea despenalizado cuando es por malformación congénita, problemas de salud, y producto de una violación.
Brenda Rojas, por el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), criticó que después de 7 años de haber introducido el primer recurso por inconstitucionalidad tras la derogación del aborto terapéutico la Corte Suprema de Justicia sigue sin pronunciarse; por ello, la demanda es que se determine si es inconstitucional o no.
En LA PRENSA del pasado 19 de septiembre, el presidente de la Asociación Provida, doctor Rafael Cabrera, recordó que en el 2006 fue prohibido el aborto en Nicaragua y al comparar las estadísticas del 2005, la mortalidad materna ha disminuido en un 46 por ciento, según datos oficiales del Ministerio de Salud.
En esa ocasión monseñor Silvio Fonseca, coordinador general de la Pastoral Familiar de la Arquidiócesis de Managua, dijo que “la vida humana es un don de Dios que debe ser respetada, protegida y promovida por los estados y la sociedad, desde su concepción hasta su muerte natural”.
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