Adolfo Acevedo Vogl (*)
El Programa Económico Financiero 2013-2016 (PEF) del Gobierno establece que “el Gobierno fomentará la inversión privada en sectores prioritarios como: energía y minas, industria, comunicaciones y turismo, que ayuden a aumentar la capacidad productiva del país”.
Resulta interesante destacar que dichos sectores, definidos como prioritarios, son los mismos en los que ya se ha venido concentrando y promoviendo la inversión extranjera directa (IED). La IED en efecto se ha concentrado en sectores que ya son los de mayor productividad de nuestra economía (minería, comunicaciones, energía), dada su alta intensidad de capital y precisamente por ello, muestran la menor contribución relativa a la creación de empleo.
Así, en el INSS aparecen registrados apenas 4,900 trabajadores en la minería (el 0.2 por ciento del empleo total). En agua y energía hay afiliados 7,900 (el 0.3 por ciento). En transporte y comunicaciones 25,000 (el 0.8 por ciento). Incluso las zonas francas no absorben más allá del 3.4 por ciento del empleo total. El grueso del empleo lo generan el sector agropecuario —el de menor productividad—, el comercio informal y los servicios informales, e incluso parte importante del empleo manufacturero es informal. Estos sectores generan alrededor del 80 por ciento del empleo total.
La Población Económicamente Activa, que en este período está creciendo con mucha fuerza, se está incorporando masivamente al sector informal, principalmente bajo la forma de trabajadores por cuenta propia de muy baja calificación y trabajadores familiares sin remuneración.
Recuérdese que la productividad media de la economía es un promedio ponderado, siendo el factor de ponderación la participación de cada sector en el empleo total. Por esta razón, el enorme peso de las actividades de baja productividad en la generación de empleo presiona hacia abajo la productividad promedio, contrarrestando cualquier aumento en la productividad de las actividades en las que se ha concentrado la IED, cuya participación en el empleo es muy pequeña.
Por tanto, la IED no ha impactado de manera significativa sobre el empleo, debido a que se concentra en los sectores de menor generación de empleo.
Tampoco ha impactado sobre el nivel promedio de productividad, porque cualquier aumento en la productividad del número tan limitado de trabajadores empleado por dicha inversión se ve contrarrestado por la caída global en la productividad que provocan millones de personas buscando sobrevivencia en el sector informal.
Otra característica de las actividades en las que se ha concentrado la IED es la presencia de rentas monopólicas, debido a que la presencia de economías de escala en un mercado tan reducido da origen a un enorme poder de mercado, o sencillamente de rentas derivadas del monopolio sobre recursos naturales (minería).
Pese a ello, su contribución al país por el lado fiscal suele ser muy baja, debido a la batería de privilegios fiscales que se han diseñado para incentivar la inversión extranjera. Asimismo, estos sectores en muchos casos se caracterizan por sus limitados encadenamientos hacia adelante y hacia atrás con el resto de la economía. La reducida elasticidad del crecimiento económico respecto al crecimiento de la IED, es una expresión de los limitados encadenamientos intersectoriales.
Los encadenamientos productivos internos de las diferentes actividades determinan, además, sus externalidades sobre otras actividades económicas, que dan lugar a los efectos de derrame tecnológico y las economías de escala dinámicas que constituyen la fuente de la competitividad sistémica.
Lo que estos hechos indican es que estos sectores poseen una escasa contribución a la generación de empleo, al crecimiento de la productividad promedio, a los ingresos fiscales y a la generación de los encadenamientos y complementariedades estratégicas que dan lugar a la competitividad sistémica de cualquier economía.
¿Existe alternativa a este patrón de crecimiento, caracterizado por una heterogeneidad estructural cada vez más acentuada, en que por un lado se implantan polos de alta tecnología con escasa capacidad de generar empleo, de arrastrar al resto de la economía, y limitadas externalidades que sean fuente de competitividad sistémica, y por otra parte, el resto de actividades y sectores, que generan el grueso del empleo, continúan caracterizados por una bajísima productividad, y mantienen a gran parte de la población atrapada en actividades de mera sobrevivencia?
Esta alternativa existe. Se trataría de promover activamente, con toda la batería de instrumentos y herramientas de política disponibles, por un lado el incremento de la productividad promedio de los sectores de menor productividad —en particular el sector agropecuario—, asegurándoles el requerido acceso a los recursos, modernizándolos, diversificándolos y desarrollando a partir de ellos cadenas de valor y complementariedades intersectoriales.
Esto, sobre todo si estos sectores se diversifican hacia actividades de mayor elasticidad de la demanda, mayor densidad tecnológica y valor agregado, permitiría un fuerte crecimiento de la productividad promedio de la economía, durante todo un periodo. Por otro lado, se trataría de promover activamente un proceso de diversificación general de la estructura productiva que signifique la continua reasignación de factores productivos —incluyendo la fuerza de trabajo— hacia nuevas actividades y sectores de cada vez mayor productividad, alto valor agregado y densidad de encadenamientos, y elevado dinamismo de la demanda.
Así, la economía absorberá la creciente fuerza de trabajo en actividades de productividad creciente, es decir, generara principalmente empleos cada vez de mayor calidad y remuneración, asegurando la continuidad a lo largo del tiempo del aumento simultáneo del empleo y la productividad.
(*) Economista
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