El acto principal de las Fiestas Patrias del 14 de septiembre, pasó este año de ser un acto solemne a una especie de festividad familiar, encabezada por el presidente Daniel Ortega Saavedra, reelecto inconstitucionalmente en el 2011, y su esposa Rosario Murillo.
El analista político y ministro de Educación a principios de los años ochenta, Carlos Tünnermann, considera que, durante los gobiernos de Ortega, la celebración del 14 de septiembre ha venido perdiendo la importancia y la solemnidad que tenía y hasta pareciera que el Gobierno quiere subrayar que se trata de un acto o evento familiar y no de Estado.
A las 5:00 de la tarde de ese sábado, en la tarima enflorada no hubo una celebración de Estado, sino un regocijo familiar que convidó a las autoridades del Ministerio de Educación y un par de jóvenes de gremios estudiantiles para escuchar y observar las presentaciones de bandas escolares.
A diferencia de lo acostumbrado, no se tomó la Promesa a la Bandera, no hubo discursos de la ministra de Educación, Miriam Raudez, ni de Ortega y tampoco se mencionó a los mejores alumnos del país o a los mejores docentes.
A finales de agosto, cuando empezaron los desfiles patrios por distritos, Raudez anunció que Ortega tomaría la Promesa a la Bandera el 14 de septiembre, pero cambiando lo establecido, Ortega lo hizo el jueves 12 de septiembre, cuando ofreció un discurso para referirse a las tensiones diplomáticas con Colombia.
Anteriormente, el pasado 22 de agosto, durante la celebración del 35 aniversario de la toma del Palacio Nacional, se nombró a Ortega como el conductor de esa operación que logró la liberación de un grupo de presos políticos de la dictadura somocista, entre quienes él mismo se contaba, obviando la mención de otros personajes que participaron en la acción.