Puede que Floyd Mayweather Jr. no disponga de la dinamita para agitar multitudes. Es probable que su arrogancia insolente provoque rechazo, pero lo que ha quedado claro, una vez más, es que hasta ahora no hay quien lo venza.
En la pelea semiestelar, Danny García retuvo su corona de las 140 libras del CMB y la AMB, al imponerse por decisión unánime al argentino Lucas Matthysse.
Las jueces mostraron 115-111, 114-112 y 114-112 para García. Y estos sí vieron la pelea.
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El último en comprobarlo fue el mexicano Saúl “Canelo” Álvarez, quien anoche lució impotente ante el despliegue de recursos del brillante pugilista estadounidense, quien lo venció por decisión mayoritaria en Las Vegas, Nevada.
Y no se detenga en la puntuación de los jueces. Sus números no reflejan lo que en realidad sucedió en el ring, donde Mayweather impuso un dominio absoluto, gracias a su enorme catálogo de golpes, la mayoría de los cuales penetraron la humanidad de un Álvarez, que trató de administrar con dignidad una derrota que era inminente.
Desde el inicio, Mayweather impuso el tono del combate, gracias a sus jabs, rectos, ganchos y uppers, que le permitieron acumular una ventaja, que ni un juez ridículo —o quizá solo estaba de espaldas al ring— pudo despojarle.
Lejos de ponerse en peligro, el reinado de Mayweather en este planeta, se ha fortalecido. Quizá habrá que buscarle oponente en otro lado.
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