El éxito de El boxeador chino (1970), protagonizada y dirigida por Wang Yu, dio inicio al auge internacional de las películas hongkonesas de artes marciales.
A diferencia de los spaghetti westerns que desaparecieron al convertirse en fórmulas trilladas, el cine de artes marciales ha tenido un desarrollo admirable.
El tigre y el dragón (2000), del taiwanés Ang Lee, obtuvo el Óscar a la mejor película no hablada en inglés. El gran maestro , de Wong Kar-Wai (nacido en Shangai; criado en Hong Kong), lleva el cine de artes marciales a nuevos niveles de calidad.
Estrenado en el Festival de Berlín (febrero 2013), el filme narra la vida de Ip Man (Tony Leung Chiu Wai), legendario maestro de artes marciales en el estilo Wing Chun (creado por una monja Shao Lin), que tuvo entre sus alumnos a Bruce Lee.
La primera parte del filme, ambientado durante la segunda guerra chino-japonesa (1937-1945), se centra en una competencia de artistas marciales del Norte y el Sur de China, en el Pabellón Dorado, lujoso lupanar ubicado en Foshán (provincia de Cantón, donde se filmó la película).
Gong Yutian (Wang Quingxiang), Maestro del Norte, anuncia el nombramiento de Ma San (Zhang Jin) como su sucesor, a pesar de que su propia hija, Gong Er (Zhang Ziyi), es la única persona que domina su estilo de combate conocido como “las 64 manos”.
Después de un combate amistoso en el mismo evento, Ip Man (designado representante del Sur) y Gong Er se separan. Entre ambos ha surgido un amor imposible, debido a que Ip Man tiene esposa (interpretada por la actriz coreana, Song Hye Kyo). La joven regresa al Norte con su padre.
El filme salta a la década de 1950 y muestra el reencuentro de Ip Man y Gong Er en Hong Kong, en ese tiempo colonia del Reino Unido a la que ambos emigraron (Ip Man, que había sido oficial de policía del Kuomintang, se trasladó a Hong Kong en 1949, año de la proclamación de la República Popular China).
En Hong Kong, Ip Man enseña kung fu; pero Gong Er ha hecho una promesa a Buda que le impide dar clases o casarse con Ip Man, ahora libre por la muerte de su esposa.
La narración alcanza mayor complejidad dramática a partir del relato en flash-backs de Gong Er sobre la muerte de su padre y su juramento de venganza contra el responsable de esa muerte, Ma San, convertido en traidor al adscribirse al gobierno títere impuesto por los japoneses en Machuria. El momento culminante del filme es el duelo entre Gong Er y Ma San.
BERTOLUCCI Y SU INFLUENCIA
La influencia de Luchino Visconti entró en el cine chino a través de Bertolucci (algunos de cuyos filmes le deben mucho al realizador milanés), cuando este filmó en China, El último emperador (1987), y es evidente en El gran maestro.
Igual que Coppola en El padrino (1972) y Sergio Leone en Érase una vez en América (1984), Wong mezcla el lirismo y la majestuosidad de Visconti, con altas dosis de violencia. Pero en El gran maestro, la violencia no es descarnada, sino estilizadamente coreografiada por el experto en artes marciales y cineasta Yuen Woo-ping.
Bajo la dirección de Wong, el director de fotografía, Philippe Le Sourd, aprovecha el color negro de los uniformes de los atletas, la nieve (secuencia del entierro de Gong Yutian), la lluvia (combate inicial) y los reflejos dorados del elegante lupanar, para crear un filme de gran impacto visual.
EL VESTUARIO
El montaje, el diseño de producción y el vestuario estuvieron a cargo de William Chang, colaborador de Wong en dos de sus mejores películas: Chungking Express (1994; con Brigitte Lin y Faye Wong) y Con ánimo de amar (2000; con Maggie Cheung), ambas coprotagonizadas por Tony Leung.
Con respecto al montaje, las secuencias de combate necesitaban menos cortes para permitir al espectador seguir mejor los movimientos de los combatientes.
La declaración de amor de Gong Er a Ip Man es conmovedora y enriquecida por reflexiones filosóficas sobre el destino brutal del ser humano y el cumplimiento del deber como medio de dar sentido a la existencia.
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